Fundada en Valladolid el 12 de junio de 2008, por Reibag y Doc Pastor. Realizada y mantenida por la asociación Ruta 42.
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29 de julio de 2011

Semana Negra de Gijón, un vistazo literario

Unos niños juegan bajo la exposición al aire libre.
Imágenes de Doc Pastor.

De nuevo la literatura y la feria (con una atractiva oferta de comida) se dan cita en la XXIV Semana NegraGijón de , que tras ciertos problemas respecto sus localizaciones sigue su marcha, en la que algunas voces comentan será la última edición en la citada ciudad.

Aunque este año tampoco contamos con la suerte de hotel como acreditados de prensa, nos pareció que debíamos aprovechar la única tarde libre de nuestros breves días de vacaciones para pasar por allí, a un clic os contamos más en un texto que firmamos Pastor y yo misma.

6 de junio de 2011

Finalistas de los premios literarios de la Semana Negra


Parece ser que tras los muchos baches y sustos producidos con respecto al futuro del evento cultural literario de Gijón, la Semana Negra prosigue sin problema sus quehaceres habituales a estas alturas, cuando falta mes y medio para su celebración.

Como podéis ver en la imagen de portada, tendrá lugar entre los días 22 y 31 del próximo mes de julio.

A un clic os dejamos con el listado de finalistas a los premios literarios que entrega el festival.

3 de junio de 2011

Miscelánea Literaria: Continuidad de la Semana Negra


Hace unos días me pegué un susto considerable cuando topé en Facebook con el grupo “Continuidad de la Semana Negra”, en el que se hablaba de la posibilidad de que este año no se llegase a realizar dicho evento, por problemas varios con el cambio de gobierno y la universidad de Oviedo en temas de terreno. Por lo que pude leer, la institución universitaria no quiere que se celebre la parte puramente no cultural en unos terrenos cercanos al campus.

Hoy, en mi sección personal me gustaría, si me lo permitís, hablaros de la Semana Negra y de porqué debería seguir tal y como se ha hecho hasta el momento.

18 de agosto de 2010

Candy City, una novela nada dulce

Portada de la obra.

Sin duda alguna no pudo haber un lugar mejor para la presentación que la Semana Negra de Gijón.

Candy City, una novela nada dulce.

Generalmente solemos entender que el uso de clichés o tópicos es algo incorrecto, soso y que demuestra falta de imaginación pero cincuenta años después los alienígenas siguen invadiéndonos en el cine y no pasa nada.

Candy City está plagada de guiños, clichés y bastantes tópicos pero usados de forma muy hábil para crear una novela entretenida y dinámica, en la que rápidamente simpatizamos con su protagonista y eso que es un matón al servicio de un señor feudal.

James McCulloch inauguró en 1900 la factoría Jimmy´s Candy diciendo que “un lugar pobre como Candy City debe aprender a explotar hasta el último de sus recursos” y es cierto que cara a la galería había construido una gran fabrica de caramelos ya que la ciudad, en sus palabras, debía ser “el lugar más dulce de América”. Eso cara a la galería, pero realmente todo tiene dos lados y esta pequeña ciudad estaba muy lejos de lo que su nombre indicaba.

Eso es lo que veremos a traves de los ojos de Jonathan Thompson, un matón de tres al cuarto al que conocemos en un juicio en el que es declarado culpable de al menos cinco asesinatos. Y es desde este momento que a través de sus ojos y recuerdos iremos descubriendo la auténtica forma de Candy City y está muy alejada del dulce sabor de los caramelos.

La elección de Alberto López Aroca, con quien pudimos charlar en la Semana Negra, de este género viene dada por la decepción que supuso ver Gangs of New York (conocida película cinematográfica) en la que esperaba una auténtica historia de género negro, así que un día mientras estaba en el servicio, o al menos así lo contó él, tuvo la idea para esta novela y los personajes principales que debían aparecer en la misma.

Desde el principio entramos de lleno en el ambiente sucio de la ciudad, en las dobles caras de todos los protagonistas y secundarios que realmente no son fieles a nadie. Si tuvieran que vender a su madre lo harían, y es probable que alguno lo haya hecho.


El buen uso del lenguaje tanto para llevar al lector como para dejar a los personajes que se expresen, logra que realmente nos sintamos dentro de ese ambiente habitual del género negro en la que jamás viviríamos pero nos encantaría hacerlo.

Ayuda también la labor ilustrativa de Sergio Bleda que en parte es responsable de la edición de esta novela. Según contó en la Semana Negra se encontraba un día hablando con Ricardo Esteban, editor de Dibbuks, que estaba buscando una obra para inaugurar su nuevo sello Ilarión y fue el ilustrador quien propuso esta historia de su amigo Alberto López Aroca.

Hay que destacar la buena documentación de Bleda, y así lo resaltó el escritor durante la presentación diciendo que “si un personaje sale fumando es que ese cigarrillo lo fumó de verdad alguién en el 1900, y si un tipo lleva una americana es que esa americana existía de verdad”, que aporta un realismo siempre necesario en este tipo de género.

No todo es perfecto y el fallo que encontramos aquí es que alguien que no haya leído antes algo de novela negra, o sea un tipo que no suele resultarle atractivo, es posible que no le saque todo el jugo y que además se pierda desde el comienzo con los nombres y los saltos en el tiempo que hace el autor.

Candy City no es un novela dulce, así que no os lleve a engaños el nombre, pero si es una novela entretenida.

14 de agosto de 2010

Los libros al sol: Una opinión personal (y muy subjetiva) de la Semana Negra

Yo al menos no me esperaba los chiringuitos en la playa.

Me estoy empezado a pelar.

Si, sé que no es una forma muy normal de empezar un texto pero... me estoy pelando y mucho, está visto que no puedo ir por la playa sin quemarme (dando igual los litros de crema que me ponga).

Parte de esto se lo atribuyo a los días que estuvimos por la Semana Negra con toda la solana, que aunque estábamos refugiados en las carpas del evento el sol no desaparece por ello.

Yo tenía muchas ganas de ir a todo esto y más tras lo que el pasado año me contó Maje. Recuerdo estar en el campamento de Horizontes Abiertos y llamarme de la organización para decirme que se hacían cargo del hotel y que cuándo llegábamos. Toda una alegría que yo esperaba repetir (por primera vez) en mi visita a un Gijón, lugar en el que ya había estado aunque no me acordaba.

Nuestra redactora jefe me contó la suerte que fue estar allí, novatamente por su poca experiencia en aquel momento, compartiendo alojamiento con invitados y organización entablando así relación y haciendo todo más familiar y amigable. Algo que además yo había escuchado en más de una ocasión en boca (y letras) de otras personas y que quería experimentar por mi cuenta.

No fue así.

Hemos comentado en los anteriores escritos que no teníamos hotel y puede parecer una bobada, quizá no tanto a otros medios similares al nuestro en el que las cosas salen más por empeño que por posibilidades (y menos económicas), pero nos ha tenido muy capados para poder hacer el reportaje que queríamos y esperábamos ofreceros.

Quizá no hubiese sido tanto problema el haber sabido desde un comienzo que no se haría cargo la organización, pero cuando nos pusimos en contacto con ellos nos dijeron que en principio no habría problema siempre y cuando compartiéramos habitación. Nosotros encantados pensando en esos días y el partido que íbamos a sacar (aunque tampoco nos quejamos de los pocos días que pudimos ir. Y volver luego a Luanco, claro).

Igualmente y con todo, un gran dolor de espalda para empezar, mereció la pena poder ir allí, hablar con algunos viejos conocidos de otros eventos o del pasado año en el caso de Maje, asistir a las charlas ya que algunas resultaron realmente interesantes y disfrutar en general de la mezcla tan extraña que daban los chiringuitos de fritanga al lado de los puestos de venta de libros.

Espero que el año que viene tengamos hotel, o al menos saberlo con tiempo y poder organizarnos por nuestra cuenta, y así poder ser una parte más integrada de todo esto (aunque desde aquí doy gracias de corazón a los que tuvieron un momento para saludarnos o preguntarnos si todo iba bien. Y en especial a los que nos cedieron el sitio el primer día en el restaurante).

También quiero esto por otra razón y es que, en mi opinión basada en lo que he visto y que puede estar equivocada, aunque Maje opina parecido, así pueda entrar sangre nueva entre los informadores que allí acuden. Para muchos es un entorno familiar ya que desde hace años se conocen, lo que es bueno y por otro lado malo ya que parece que la puerta está cerrada y no dejan entrar a nadie más a la fiesta (lo sé, lo sé, somos una simple gaceta on-line y es lo que hay).

Aunque la crisis afecte (música y acordes de Bruce Broughton) es una alegría que hay muchos eventos que siguen activos y que parece que lo estarán por años.

Esta no fue la Semana Negra, ni siquiera fue semana, que yo me esperaba; pero con todas espero volver el año que viene de la forma que sea. Tengamos hotel o no. Podamos ir un día o cinco. Tenga que coger un tren para regresar el mismo día. Da igual. Solo espero poder ir y es que el evento lo merece.

Semana Negra ¿alguno tiene un par de linternas?

Semana Negra ¿has ido?

12 de agosto de 2010

Otra cara de la Semana Negra

Esta imagen presidía la Carpa del Encuentro. Fotografías de Doc Pastor.

En anteriores entregas os he ido relatando, paso por paso, como fueron nuestras andaduras por este multitudinario y variopinto festival, que engloba mucho más allá de la literatura.

Hoy quiero mostraros un lado más personal de la Semana Negra.

No es por insistir una y otra vez en el tema del alojamiento (o más bien la falta de él), sin embargo, ello contribuyó negativamente en nuestro rendimiento durante el breve tiempo que pasamos por allí. Teníamos pensado realizar una cobertura mucho mayor del evento, algo que se ha visto limitado, como habéis podido comprobar.

Pero, aspectos negativos a parte, la Semana Negra de Gijón es algo más que un festival literario de los corrientes. En él, y ya lo he comentado más veces, aúnan fuerzas las tertulias y conferencias, la feria del libro que converge alrededor de ésta, los puestos de venta, que van desde los típicos de mercadillo hasta los de artesanía (pasando por algún que otro top manta) y la comida. A todo ello se le une, al caer el sol, la música que acompañará a lo largo de toda la noche, bien alumbrada por las atracciones de la feria.

Los bares y discotecas de Gijón desplazan un chiringuito hasta la playa del Arbeyal, en una marabunta de sonidos pasados de decibelios que retumban en unos tímpanos confusos con tanto ruido. Comentábamos Pastor y yo un día que quizá eso juegue en contra de la acústica de las carpas donde tenían lugar las actividades más literarias del evento, sobre todo, sírvanos el ejemplo de la Carpa a Quemarropa (y los que hayan pasado por allí, lo comprobarían).

Una de las muchas cosas que por allí se vendían.

Y es que en el momento en que la churrería de al lado encendía sus micrófonos y comenzaba a funcionar la “Uve” era muy difícil no sentirse abrumado mientras se intentaba prestar atención a la charla.

Gentío en la SN.

Seguimos comentando el apartado acústico, ya que al otro lado del recinto, en el escenario de Mahou, cada noche tenía lugar una velada musical. Este año el plato fuerte fueron Haze y Los Sidecars.

La feria de atracciones daba más de una alegría a los pequeños que acompañaban a unos padres más interesados, quizá, en la firma de algún autor, habiendo un poco para cada margen de edad. Y por si veías que no llegabas a hacer la cena, no sería por puestos de comida (léase “gofres”, estaban por todas partes).


Vistas desde la noria.

Volviendo a la parte que atañe más al trabajo que allí realizamos, hay que decir que es un sitio imprescindible para acudir para todo aquel amante de la lectura, sea o no negra, aunque solo sea porque en su feria del libro puedes encontrar de todo (palabrita de Maje) a un precio más que asequible en estos correosos tiempos para el bolsillo y la cartera.

Es algo complicado de intentar explicar para quien no la conozca, con toda esa mezcla de cosas que, inexplicablemente, han resultado formar un cóctel que lleva funcionando más de una década. También, personalmente, resulta difícil intentar completar como uno solo los sentimientos dispares que ha producido en mí acudir a la edición del verano pasado y a la de éste. Influya además en ello que no lo compartí con la misma persona en ambas ocasiones, lo que también influye. Y súmese que fueron tiempos de duración diferentes (casi el doble en mi estreno que en mis segundas nupcias). ¡Ah!, la crisis que afecta a toda España no iba a ser menos para con Ruta 42, y no me refiero sólo a la bancaria/económica.

Aún con todo el agotamiento, mi dolorida y lesionada espalda, un leve resfriado y otro que no terminaba de curarse, todo momento por allí vivido será recordado por mucho tiempo en esta hueca cabecita. Al fin y al cabo, ha supuesto un esfuerzo llevado a cabo sin queja, una experiencia adquirida que nunca viene de más y un trabajo que, cada día, realizo con más gusto.

La Semana Negra hay que vivirla, y Ruta 42 pudo disfrutar un poquito de todo lo que es.

9 de agosto de 2010

Semana Negra de Gijón, sábado 17 y despedida


Fotografías de Doc Pastor.

Pasó volando el primer día, algo lejano ya en el tiempo y la memoria, pero no cesaron nuestras tareas periodísticas e informativas por la zona.

Seguimos con el repaso de cómo fueron nuestras escasas e intensas horas en Gijón.

Las horas reparadoras de sueño no habían terminado aún su efecto cuando tocaba retornar de nuevo al trabajo. Un trayecto lleno de bostezos (por mi parte, lo reconozco) a los que un café puso fin y volvimos con fuerza a nuestra misión.

La primera actividad programa para la tarde rezaba tal que “Cómic, futuros narrativos”, una tertulia abierta al público solamente en calidad de espectador, en la que a lo largo de una hora varios renombres del mundillo dieron rienda suelta a sus cábalas con respecto a un incierto futuro en el que la crisis no deja indiferente a nadie, en cualquiera de sus manifestaciones.


Ángel de la Calle introduce el tema en la mesa redonda de cómic.

Al comienzo la asistencia externa a los tertuliantes fue más reducida, quizá por ser la encargada de inaugurar la tarde y muchos quedaron echando la siesta. Puedo decir que, a pesar de ser una negada total y principiante desde ya en el mundo del cómic, intenté atender todo lo que pude, siguiendo un tema que se desviaba cada vez más de aquello que Ángel de la Calle había propuesto al iniciarse.

La tarde siguió con más presentaciones de libros, pero también con la feria que se sitúa alrededor de las carpas que albergan las actividades que os he comentado. El olor a la churrería de al lado se cuela entre las hojas de mi libreta y me entran ganas de gofre.

Con el antojo satisfecho, nuestros pies caminaban sin rumbo fijo a través del recinto, los oídos se confundían y saturaban a base de decibelios provenientes de todo tipo de música, voces y ruido ambiente. Un paseo en la noria nos permitió contemplar la inmensidad de la totalidad del recinto, situado en la playa del Arbeyal.


Antonio Hernández Centeno y Jorge Iván Argiz.

Continuamos, tras ese breve paréntesis, asistiendo a una mesa redonda ("Personajes, historias y tv"), de mano de Antonio Hernández Centeno con Jorge Iván Argiz. Antonio es guionista de teleseries como la basada en la vida de la duquesa de Alba o Paquirri (muy de la España de pandereta todo ello, que para eso es lo que tiene audiencia). Otro interesante rato escuchando, que al igual que otro par de tertulias a las que asistimos, darían ellas solas para un post entero.


El cómic en Italia, breve mesa redonda.

Mas como mi quehacer de esta jornada se reduce a hablaros del sábado en general, no entretendré vuestras neuronas más de la cuenta.

Disfrutamos brevemente de una rápida mesa redonda sobre el cómic en Italia que supo a poco, pues por problemas de horario, aviones y demás, quedó reducida a la mitad de lo que se esperaba.


Presentación de Los Olvidados.

Seguían avanzando las agujas del reloj y cuando quisimos darnos cuenta, nos hallábamos en la presentación del libro Pepsi-Semana Negra, cuyo título este año es “Los Olvidados”. La idea que parte del mismo es la de decirles a los ilustradores/escritores que participan en el mismo, que cuenten a los lectores quienes son sus olvidados.

La presentación transcurrió entre chanzas por parte de Paco Ignacio Taibo II, director del festival, y Ángel de la Calle, haciendo referencia a que en esta ocasión no se entregaría gratuitamente a los asistentes a la Carpa del Encuentro un ejemplar en papel del libro, si no que dentro de las cajas que lucían en la mesa se encontraba una dirección on-line en la que podría descargarse en e-book. Quién sabe si en próximas ediciones no será tal la broma, si no una realidad del avance tecnológico en lo que refiere al mundo literario.

Posterior a esa entrega gratuita de ejemplares, los creadores de los mismos se pusieron a disposición del público para estampar sus rúbricas en las páginas que quedarán como recuerdo de otra Semana Negra que ya se desvaneció.


Sergio Bleda y Enrique Vegas antes de la firma de ejemplares.

Las jornadas de Fotoperiodismo pusieron su cierre nuevamente a la intensa tarde, mas nuevamente tuvimos que hacer mutis por el foro antes de tiempo, con unas espaldas que ya chillaban de cansancio y un madrugón que esperaba para el día siguiente, cuando partiríamos, tras la ceremonia de clausura hasta el costero pueblo de Cudillero, que acogió la despedida y broche final de los festejos que ya se alargaban desde hacía algo más de una semana.

Un trayecto de ida y vuelta en autobús, con un gaitero recibimiento al descender del mismo, una comida con abundante manduca y sidra que corría por entre las piernas de autores invitados, organización y prensa que acudió al cierre.


El director de la SN, PIT II, abraza a Vicente Álvarez Areces, presidente del principado de Asturias.

Palabras de despedida y abrazos de los asistentes, no tantos por nuestra parte, los cuales fueron limitados a un par de personas.

Tan deprisa como había llegado aquel viernes 16 pasó el domingo 18 y la Semana Negra había acabado sin que a Ruta 42 le diera tiempo a catarla en condiciones. Nuestras columnas vertebrales agradecieron la noche de descanso que vino después, al igual que los días que estuvimos fuera, motivo por el cual éstos textos referentes a la Semana Negra no han visto la luz hasta ahora.

Y es que creo que, después de tanta ida y venida de Gijón, nos merecíamos algo de descanso.
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