La que fuera la primera novela de quien posteriormente se convertiría en un modelo de la novela policíaca es el tema que hoy nos ocupa.Agatha Christie trabajó como enfermera durante la Primera Guerra Mundial, lo que ayudó a que adquiriera un amplio conocimiento, entre otras cosas, sobre venenos. Estos son el tema y eje central del asesinato a través del cual gira la acción de la novela.
Se nos presenta el caso de una familia de bien que ha visto menguar su calidad de vida desde que Europa se encuentra dividida en un conflicto internacional que será conocido como la Gran Guerra.
Mr. Cavendish, viudo y con dos hijos varones, se volvió a casar (con la que sería Mrs. Cavendish), quien siempre cuidó de los niños como si fueran propios. Tras la muerte de su esposo queda al cargo de la mansión, los terrenos, la herencia y, por supuesto, los hijos de éste. Ellos siempre la tuvieron en gran estima, a pesar de ser sobre el papel su “madrastra”, era como su madre, de tantos años que estuvo a su cargo.
Quiso el destino que la señora volviera a encontrar el amor en la figura de Alfred Inglethorp, de menor edad. Desde el momento en el que las intenciones entre éstos eran más que claras, el odio para con el que se convertiría en su padrastro, era más que evidente.
Como en toda novela policíaca de la época que se precie, las rencillas entre miembros del clan están a la orden del día. Además de, por supuesto, una plantilla de empleados y sirvientas a los que añadir a la cuadrilla de sospechosos por asesinato.
Con un amplio repertorio de personajes, Christie nos conduce por la investigación acerca de la muerte de Mrs. Inglethorp, de la mano de Poirot, detective belga que investiga bajo cuerda la muerte, y Hastings, viejo amigo del primogénito Cavendish. Será éste último el narrador de la historia, quien se encuentra metido de lleno en el caso al estar alojándose en la mansión cuando ocurrieron los hechos.
Una prosa fácil y ligera que avanza por los derroteros de las sospechas, tanto las de Hastings, que intenta resolver el puzzle a la vez que su amigo el detective, obviamente sin el mismo éxito; y los propios lectores, en una maraña de pistas en la que todo el mundo es sospechoso del asesinato, salvo narrador y Poirot, aunque tampoco se pueda poner la mano en el fuego por semejantes personajes.
Son los más bajos instintos y pasiones los que mueven a actuar a los protagonistas. La avaricia y la codicia de una fortuna cada vez más reducida. Los celos, fundados e infundados, en algún que otro matrimonio consignado al fracaso.
Esta novela fue llevada a la pantalla en el año 1990 (buen año) por Ross Devenish, con David Suchet como Poirot, quien realizó el papel del detective belga a lo largo de una serie basada en los relatos de Agatha Christie.
Es, sin duda, una lectura sencilla (entresijos de sospechas de asesinato a parte), y perteneciente a las arcas literarias de una de las mujeres más relevantes en el género policíaco.

No hay comentarios:
Publicar un comentario