
Titulada en España como
El club de los cinco, y bastante desconocida para el gran público patrio, se trata casi con total seguridad de
la primera película adolescente de la historia y, como suele ocurrir en estos casos, no solo sentó cátedra, sino que está hasta bien y todo.
Que levanten la mano los que sepan quién es John Hughes. ¿No? ¿Y si os digo que es el creador del género de comedia adolescente? ¿Y si os digo que Bob, el Silencioso está tan obsesionado con él que Bob y Jay conocen a la protagonista de Dogma mientras viajan tratando de encontrar Shermer, Illionis, la ciudad ficticia donde se desarrollan todas sus películas? ¿Sigue sin deciros nada? ¿Y además pensáis que soy una enferma? Pues os puedo asegurar que conocéis más de Hughes y de ésta, su película más célebre, de lo que vosotros mismos creéis. La he visto parodiada y homenajeada tantas veces que ya ni las recuerdo. En los Simpson, en Padre de familia, en Caso abierto, en Esta no es otra estúpida película americana y, en general, cada vez que veáis a adolescentes atribulados y escuchéis que ponen de fondo Don't you (forget about me) de Simple Minds, sabed que hacen referencia a esta película. Es un clásico, os lo juro.
La sinopsis de la peli es la siguiente: Instituto de Shermer, el director, un tipo bastante cuadriculado y con una capacidad nula para la empatía y la psicología, castiga (de forma justa, pero eso no hace que el tío sea menos gilipollas), a cinco de sus estudiantes. Cada uno encarna un estereotipo adolescente y, por supuesto, se odian entre sí. El motivo por el cual les castigaron dice mucho de cada uno. Obligados a convivir a la fuerza durante un sábado, muertos de aburrimiento, les da por hablar. Y hablando se conocen. Y conociéndose descubren que ni ellos mismos son tan planos como creen, ni los demás son tan despreciables como les suele parecer. Ellos son:
John Bender, el macarra: Castigado por hacer una gamberrada. Es el típico tipo duro que va por ahí desgreñado, con su chupa de cuero, buscando pelea y saltándose sistemáticamente todas las reglas que existen. Claro que cuando le vamos conociendo, descubrimos que proviene de un hogar disfuncional donde las palizas son cosa frecuente, y eso lo ha obligado a crearse una coraza. No confía en nadie, desprecia a todos los que considera más afortunados que él (es decir, todo el mundo) y sus continuas provocaciones son las que terminan logrando, no obstante, que todos “hagan piña”. En realidad es una persona inteligente con una gran sensibilidad.
Claire Standish, la pija: Castigada por saltarse las clases para ir de compras. Es la clásica reina de las animadoras que solo se mueve con los guays del instituto. Es guapa, está podrida de dinero y tan por encima de los demás que le indigna que respiren el mismo aire que ella. Pero claro, cuando tus papis se odian entre sí y te utilizan como arma arrojadiza, cabe la posibilidad de que busques encajar y que te la gente te reverencie aunque sea vendiendo tu alma. Tal vez no sea tan boba como se empeña en tratar de demostrar.
Andy Clark, el chuloplaya: Castigado por acosar y pegarle a un compañero. Porque no nos engañemos, los capitanes del equipo del deporte que sean se nutren a partes iguales de proteínas y de autoestima de marginado machacada. El bueno de Andy es un fantasma de cuidado, en la élite social del instituto, disfruta comiéndole la moral a todo el que se cruza en su camino. Si bien es cierto que, tras un poco de introspección y un par de porritos, él mismo se descubre como una criatura permanentemente bajo presión paterna, obligado a ser el mejor en todo, a no tener vida propia, a basarse siempre en lo que esperan de él y no decepcionar. Aunque para ello tenga que despreciarse a sí mismo.
Allison Reynolds, la rarita: No estaba castigada, pero no se le ocurría nada mejor que hacer y se presentó allí. Eso debería decirlo todo. No habla, no tiene amigos, viste como una leprosa que acabara de salir de las rebajas del mercadillo, y cuando por fin abre la boca es para inventarse una patraña detrás de otra. En realidad es buena chica, lista, creativa, compasiva. Y con un problema gravísimo de autoestima.
Brian Johnson, el empollón: También podría haberle bautizado como “la mosquita muerta”, pero le castigaron por llevar una pistola al instituto, y eso rompe un poco con su imagen. Claro que la pistola la quería para suicidarse por haber suspendido un examen. Cosas de la presión paterna y del esperar de los hijos más de lo que estos pueden soportar. La gente ve en él al clásico buen chico que nunca ha roto un plato y se dedica a sacar buenas notas. De hecho, actúa de mediador dentro del grupo y, claro está, le llueven las tollas. Nadie dijo que fuera fácil ser listo.
5 comentarios:
Por ahí andan mis libros, bueno más bien los que eran de mis hermanos:)
No confundas la peli con Los cinco, de Enyd Blyton, que no tienen nada que ver :D
Peliculon, todavía me descojono cuando recuerdo al prota diciendo ¿podría describirnos ese estrepito señor?
Gracias por comentar, Yota. Personalmente, mi momento favorito es cuando Andy, todo colocado, se descamisa y empieza a bailar como un poseso. Es la imagen misma de la liberación. Pero Bender mola, claro :D
Que yo sepa han hecho un remake, no?
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