En los años 90 en Sierra Leona se exportaban pequeños diamantes ilegales que una vez colocados en el mercado valían una fortuna. Esos diamantes eran recogidos por los rebeldes del país africano a través de los hombres de las aldeas utilizados como esclavos. Solomon (Djimon Hounsou) pierde a su familia y es utilizado como esclavo en una de estas minas hasta que en medio de un asalto consigue escapar, no sin antes esconder un gran diamante que había encontrado. Y en su camino se encontrará un traficante de diamantes Danny Archer (Leonardo DiCaprio) que le ayudará a buscar a su familia a cambio del valioso mineral.“Diamante de Sangre” es un thriller en el que se mezcla la aventura y la política, con el continente africano como telón de fondo. La primera mitad de la película raya la excelencia con un ritmo vertiginoso y una acción trepidante salpicado con detalles políticos muy interesantes. Pero la otra mitad, se pierde en clichés, sentimentalismos a veces difíciles de creer, y en una acción repetitiva e innecesaria.
El director, Edward Zwick, plantea directamente el conflicto y con un ritmo ascendente nos vemos metidos de lleno en la piel de Danny Archer en pleno invasión rebelde de la capital de Sierra Leona. Una secuencia fantástica, rodada con firmeza y con una puesta en escena magnífica. Y Leonardo DiCaprio nos conduce a través del caos de las balas y las explosiones con maña, poder y jovialidad. El film se rodó en Sudáfrica y Mozambique, para aportar mucha más credibilidad a los escenarios y lo consigue, junto con una cuidada fotografía y una banda sonora constante y útil para aportar un extra de ritmo a la historia.
Luego el conflicto de los diamantes se desvanece y solo sale a relucir a cuentagotas hasta desaparecer en mitad de la historia. Peca de utilizarlo de excusa para llevar a cabo la película. Funciona porque nos envuelve en la supervivencia y en la búsqueda del diamante, pero al terminar uno no tiene la sensación de conocer mucho más acerca de los “Diamantes de sangre” que al principio. Los detalles acerca de esos tesoros son insuficientes, aparca el tema político y se adentra en el de la aventura.
Leonardo DiCaprio interpreta al traficante aportándole un espíritu jovial, aventurero y la confianza que debe tener un ex soldado. Funciona tan bien en la acción como en el drama. Djimon Honsou, que interpreta al esclavo de diamantes, realiza un trabajo excelente. Su personaje es creíble, de carne, hueso y lágrimas, algo que resulta muy difícil de ver en Hollywood últimamente. Muchos han sido los actores afroamericanos que han interpretado a personas comunes del continente africano. En las recientes “El señor de la guerra” y “Atrapa el fuego”, los actores eran tan malos que sus personajes parecían sacados de la MTV en lugar de la África negra. En la segunda se puede ver un a Derek Luke bastante perdido por África. Sin embargo, Djimon Honsou le da humanidad a su personaje, su mirada, su sufrimiento, sus gritos, su terquedad son creíbles y es un regalo verlo actuar.
Demasiado es el sentimentalismo del final, pasa del cine comprometido al cine comercial puro, de entretenimiento. Sus aspiraciones a realizar una gran obra desaparecen cuando terminan de denunciar y vuelven a repetir la acción, a dar rodeos y rodeos sin ofrecer nada nuevo a lo antes visto. Se podía decir que la película tiene el espíritu de la periodista, da a conocer al mundo occidental una atrocidad y no pretende involucrarse más. Y así, el resultado es una película de entretenimiento de gran calidad, con denuncia y a medio camino del paraíso cinematográfico.
8/10


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