Fundada en Valladolid el 12 de junio de 2008, por Reibag y Doc Pastor. Realizada y mantenida por la asociación Ruta 42.

11 de abril de 2011

Héctor Toledo y su breve paso por Valladolid

Héctor y su guitarra posan para R42.
Fotografías de Doc Pastor.

Llegó el fin de semana en que se realizarían las dos puestas en escena organizadas en primeras nupcias por Ruta 42. Inercia Teatro y su Gran Jefe el viernes, y un Héctor cuentacuentos que logró sacar las más profundas carcajadas de los privilegiados asistentes a su espectáculo. Sobre este joven (que se hizo un poco menos joven en su estancia por la capital castellana, alcanzando el cuarto de siglo de vida esa misma noche) y su show os quiero hablar subjetiva y brevemente.

Sábado 9 de abril, 19 horas y sol radiante que hacía desprender del asfalto todo el calor que puede ser posible a estas alturas de la primavera. Para variar, llego la primera al Café Teatro. A los pocos minutos, por allí aparece Héctor, guitarra en ristre, en busca de una púa que apareció dentro de la funda.

No es que el público fuese de lo más numeroso. De hecho, aparte de Pastor, una servidora y el artista, otras diez personas disfrutaron y rieron con la labia del caballero de intensos ojos azules al que se le iba en algún momento el acento hacia tierras gallegas. Empezó con una canción, haciéndose oír por encima de la música que llegaba desde la planta de arriba, caldeando el ambiente para la hora y pico de alborozo y regocijo que aguardaban.

Un momento de la actuación.

Sin duda, el momento álgido llegó con el relato que puso punto y final a la temprana velada (a la que siguieron alguna que otra cerveza, rato después). Inspirado en el reto que suponía semejante juego de palabras, las frutas pasaban más o menos desapercibidas en un entresijo de frases y oraciones sobre las que estoy segura que existe un sentido.

Sin embargo, mi único recuerdo de esta parte en concreto fueron mis lágrimas, producto de la risa, una forma en la que hacía demasiados meses que no salían a la superficie, y gracias a él, se pasearon mejillas abajo sin ningún pudor ni remordimiento. Hay que decir que soy de risa fácil, quienes hayan acudido conmigo a algún monólogo o ensayo de Horizon, pueden dar fe de ello. Mas hacía muchas semanas (y cuando digo muchas, no soy siquiera capaz de contarlas) que no disfrutaba tantísimo viendo una función.

Si es cierto eso que dicen de que reír alarga la vida, ayer gané unos cuantos años.

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