Fundada en Valladolid el 12 de junio de 2008, por Reibag y Doc Pastor. Realizada y mantenida por la asociación Ruta 42.

11 de septiembre de 2009

Panteón de Personajes Ilustres: Guybrush Threepwood, pirata en prácticas


-Luchas igual que un ganadero de Derry – exclamó el feroz bucanero, tratando de desestabilizar la concentración de su contrincante.
Ah, ¿sí? Pues qué apropiado, porque tú peleas como una vaca – respondió su joven adversario, un rubio imberbe de aspecto desgarbado pero con las dotes de un hábil espadachín y la verborrea de un mordaz aventurero.
Puessss... Yo soy cola, y tú pegamento – repuso el primero, inseguro.
Hundida la confianza de su adversario, el joven pirata logró despacharlo sin dificultad.
Bienvenidos a Monkey Island.

Mamá, quiero ser pirata

Guybrush Threepwood tiene un nombre sonoro, como buen ganafortunas de la Edad de Oro. Y no se sabe muy bien por qué, la mayor ilusión de su vida es ser pirata. Y qué mejor lugar para empezar su carrera delictiva que Melée Island, la isla favorita de los bucaneros más rufianes y perversos, bebedores de grog, mentirosos, traicioneros, tatuados hasta las cejas, donde la benevolente gobernadora Marley les permite hacer de las suyas.

Sin embargo, uno no se convierte en pirata de la noche a la mañana. Hay una serie de pruebas que hay que cumplir. Guybrush es un muchacho entusiasta, decidido a esforzarse y a mejorar sus habilidades (casi nulas), pero lo que menos cabía esperar era que se toparía con la oposición de un malvado capitán fantasma, el temible Le Chuck que, no sólo le odia desde el primer momento, sino que encima le da por secuestrar a la bella y temperamental gobernadora, de la que a Guybrush se le ha ocurrido la feliz idea de enamorarse. Afortunadamente, el amigo Threepwood cuenta con varias virtudes: una moral a prueba de bombas, un ingenio considerable que le permite utilizar cualquier elemento de su entorno con los fines más inesperados, una suerte que no se la cree ni él y, como no, la capacidad de aguantar la respiración debajo del agua durante 10 minutos.

Éste viene a ser el argumento de la que probablemente sea la más famosa aventura gráfica de todos los tiempos, primera de una saga que ha sido la favorita de la comunidad de “jugones” durante décadas, e incontestable icono de la sensibilidad “friki” moderna.

Guybrush Sparrow

Guybrush es una creación de Ron Gilbert para la sección de videojuegos de LucasArts. Gilbert, para quien no lo conozca, es un tipo creativo, visionario y con gran sentido del humor, que ya tomó parte en otros títulos clásicos del género de la aventura gráfica como “Maniac Mansion” o “Indiana Jones y la Última Cruzada”(el videojuego). Las características comunes de estos juegos, pioneros en su campo, fueron la excelente jugabilidad para su tiempo, sus tramas elaboradas y creativas, y su sentido del humor absurdo y lleno de referencias a la cultura pop, particularmente a todo lo que tenga que ver con el pequeño gran universo del señor George Lucas. Si Maniac Mansion era una parodia del cine de terror adolescente, Monkey Island fue una logradísima parodia del cine de piratas que, quieras que no, influenció mucho nuestra concepción de estos bandidos del mar.

El ejemplo más evidente y argumentado son los parecidos más que razonables que pueden encontrarse entre los personajes y situaciones de Monkey Island, y los reflejados en el hito más significativo del género en la actualidad: la saga de Piratas del Caribe. El malvado capitán fantasma, el sentido del humor absurdo, el muchacho sencillo que se ve arrastrado a una situación que no espera, la gobernadora de armas tomar con ansias de aventura, la atmósfera cómica que se aparta de la visión más clásica y heroica de Errol Flynn o Burt Lancaster, entre otros, y otros pequeños detalles que difícilmente pueden pasarse por alto.

Aunque Monkey Island es una historia completa y divertida en la que todos sus grotescos personajes, desde Stan, el vendedor de barcos de segunda mano, hasta el Mono de Tres Cabezas son reseñables a nivel individual, he optado por centrarme en Guybrush porque es un auténtico icono en sí mismo. Años después de su lanzamiento, la gente aún recuerda sus luchas a espada, sus contestaciones ridículas, los extraños aprietos en los que se mete, y su rara capacidad para encontrarle utilidad a un pollo con una polea clavada en la barriga. Y porque todos hemos jugado a ser piratas.

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