Que las cosas están muy mal para la mayoría es algo que, a estas alturas, ya no se le escapa a nadie. Menos los políticos y banqueros, que esos nunca se enteran de nada.
En los últimos seis meses hemos asistido a la generalización del término “indignados”, que los medios usaban para referirse a este movimiento ciudadano, y a su salto de las televisiones y cabeceras de diarios, a las portadas de los libros.
¿Es esto aprovecharse del momento para el beneficio propio (literario y económico) o una forma de apoyar al mismo?
Hay de todo, más allá del archiconocido “¡Indignaos!”, la raíz de todo esto.