Fundada en Valladolid el 12 de junio de 2008, por Reibag y Doc Pastor. Realizada y mantenida por la asociación Ruta 42.

5 de diciembre de 2011

La Marea subió hasta llenar el Pisuerga.

Kutxi Romero, voz de Marea

Tras varios meses de expectación desde que, por el mes de agosto, el grupo de rock Marea anunciara que Valladolid estaba entre su lista de conciertos, ayer llegó el gran día que muchos de los seguidores de la banda tienen en esta ciudad experaban, al igual que otros muchos de otras ciudades que se desplazaron hasta la capital castellano leonesa para poder ser testigo lo que el señor José Carlos Romero Lorente, alias Kutxi Romero, y todos sus compañeros podrían ofrecer.

¿Y qué tiene que ver el grupo Koma con Marea más allá de compartir género musical? Pues bien, desde ayer mismo también comparten teloneros. Fue el pasado quince de octubre cuando, con motivo del festival “Atalaya Rock”, el vallisoletano grupo Enrocke servía de teloneros a la banda liderada por Brigi y ha sido el reciente dos de diciembre cuando este mismo grupo servía también como telonero de los de Berriozar.

Quizá, por qué no, el público esperaba que un gran grupo de cierta relevancia a nivel nacional fuera el encargado de anunciar el salto al escenario de la actuación principal de la noche pero, sin embargo, se trató de una banda conocida por algunos de los vallisoletanos allí presentes y que, a pesar del poco caso que el público quiso hacerles, se ganaron algún que otro aplauso no muy mayoritario, tras tocar temas como “Guerra por la paz”, “Gánatelo”, “Prefiero la muerte” o “La noche del infierno”, entre otros.

Kolibrí, guitarrista del grupo y Kutxi Romero

Más que pasadas estaban ya las diez de la noche cuando el grupo vasco saltó a escena para dar en primer lugar la “bienvenida al secadero”, continuando con “La majada”, seguidas ambas por dos de sus clásicos, “Duerme conmigo”, donde jura ser “pedregoso camino” y “En tu agujero” donde, a juzgar por la entrega de un pabellón que debería haber dado un poco más de fuerzas al comienzo del espectáculo, nada parecía poder “hacerse añicos de puertas pa’ fuera” del pabellón.

“Adiós es una palabra hermosa cuando estás seguro de regresar… y aquí estamos”, tomaba Kutxi el micrófono para comenzar con los discursos sentimentales entre canción y canción de esos que él sólo sabe hacer en forma de poesía. Tras dar las buenas noches, volvió a ser tocada una de las nuevas canciones de "En mi hambre mando yo", esta vez “Canaleros”, que quedó completamente eclipsada por la canción que la sucedió, “Petenera”, aquella en la que Alen, debido al significado sentimental que esta canción posee para él en especial y para toda la banda en general tras habérsela dedicado a su fallecida esposa June, tocó la batería como nunca nadie antes podría haber imaginado llegar a hacerlo.

Tras pedir al público que saltase sobre su corazón a la cuenta de cuatro, llegó el turno de un clásico “Que se joda el viento” y de su querida “Manuela canta saetas”. “Con energía, de gusto, por mis muertos me ofrezco (…) vais a tocar bastante rato” anunciaba el señor Romero a un público cuya efusividad variaba por momentos, para continuar el recital con “Las últimas habitaciones”, “Corazón de mimbre”, a la que anunció con su mítico discurso “tengo en vez de un corazón no sé cuantos corazones…”, “Mierda y cuchara”, llamando así maldito a todo aquel que recordara este tipo de días, y “Ojalá me quieras libre”, cediendo tras esta última todo el protagonismo a nuestro querido Piñas y desapareciendo el hombre de espesas barbas del escenario.

El Piñas, bajista del grupo

El Piñas, probablemente la persona qué más energía poseía de todas las presentes en el escenario, lució su calavera de Marea en el costado, su sol en el ombligo y sus ganas de hacer lo que hace tocando “Alfileres”. Para sorpresa de todo el público, volvieron a sus orígenes, siendo así el bajista, personaje protagonista de la noche sin ninguna duda, el encargado de poner sobre escena el primer tema que la banda tocó en conjunto en toda su historia, “Trasegando”.

“No penséis que soy valiente si canto estando de luto, yo no le canto a la gente, le canto al ángel del suelo”, regresó Kutxi al escenario y con él “Las últimas habitaciones”. A continuación, haciendo alarde de su corazón andaluz y sangre gitana, se arrancó por fandangos y levantó el puño izquierdo por sus muertos y los nuestros para poder estar a la altura de su “Ciudad de los gitanos”. “Barniz”, “Sobran bueyes” o “ El día que lluevan pianos” fueron las canciones que, tras el cante gitano, hicieron de puente para llevar a una de las canciones que más energías trasmitió al público, “La rueca” que, seguida de “Como los trileros”, sirvió de despedida.

Un cigarro y medio después, aún con el segundo entre los dedos de su mano derecha, Kutxi Romero apareció completamente solo en la inmensidad del escenario con el único objetivo de presentar a su banda. “Vuestro aplauso delimita lo que va a ser el concierto”, dijo para comenzar, en primer lugar con “el mejor batería del mundo” Alen, seguido de “un hombre en el mejor sentido de la palabra”, César. “El Rock & Roll es una especie en extinción, como los dinosaurios, como la gente buena y noble… En el diccionario, al lado de la palabra Rock & Roll, debería haber una foto del Piñas”, dijo El señor Romero para presentar al hombre que no defraudó, al que más ganas puso en aquel escenario, para continuar con Kolibrí, quien “si Dios existiera y fuera guitarrista, tocaría la guitarra como la toca el maestro”. Por último, el escenario se llenó con toda esa gente que, aunque sus nombres no sean tan conocidos como los de los cinco importantes, hacen posible la realidad del concierto.

Kutxi Romero

Dos horas más tarde, “Plomo en los bolsillos”, el mítico “perro verde”, “Como el viento de poniente” y una esperadísima “Marea” fueron las últimas canciones de lo que fue para muchos de los presentes un gran concierto. Pero luego están ellos, los fans de verdad que llevaban años esperando para poder ir a un concierto de Marea y que se van con cierto sabor amargo en la boca ante un Kutxi que, bajo mi punto de vista, no estaba al cien por cien sobre el escenario, llegando a ser eclipsado por las infatigables energías de su gran bajista Piñas y por Alen, batería del grupo.

Cierto regusto amargo en la garganta de los verdaderos amantes de Marea, alguna que otra decepción a la espera de grandes temas como “A caballo”, “El hijo de la Inés” o “La luna me sabe a poco”, una inevitable intriga sobre dónde sería el sitio en el que tenía la cabeza el hombre que, con casi diez kilos menos, mantenía el micrófono en sus manos mirando al horizonte ofreciendo sólo una tercera parte de lo que podría ser capaz de ofrecer, un gran y merecido respeto al Piñas por no haber parado en ningún momento, una admiración a los magníficos dedos de Kolibrí, un respeto a la sabiduría de César y una gran ovación a la fuerza de Alen podrían ser, sin duda, el resumen de un concierto para el que una servidora llevaba años preparándose.

Crónica por Miriam Fernández Badiola

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