Retrato de Ruben Darío.
Imagen extraída de Memoria Chilena.
Si hablamos del caso español, el Modernismo fue una corriente literaria que se introdujo por un cauce de dirección poco común: desde Hispanoamérica a nuestro país. Allí a su vez, la inspiración provenía de lo que en Francia ocurría bajo el nombre de Simbolismo o Parnasianismo, con autores como Baudelaire.
Hoy repasamos brevemente algunos de los preceptos principales de esto.
Lo primero, es situarlo cronológicamente, a finales del siglo XIX y comienzos del XX, aunque se extendió mucho más allá que eso, al haber escritores que continuaron toda su andadura dentro de este paraguas literario (véase el caso de Juan Ramón Jiménez, autor de la narración lírica Platero y yo).
A lo largo de estas semanas de ligero repaso histórico-literario hemos ido viendo cómo una corriente artística se nutre del hastío de una generación joven de todo aquello que se realiza en el momento, de lo que está de moda, pegando un giro que suele ser hacia lo anterior a esto, pero llevándolo cada vez un poco más lejos.
Portada de Azul... de Espasa Calpe.
No se puede hablar de Modernismo sin mencionar al padre de todo: Rubén Darío (Nicaragua, 1867-1916) autor de “Azul...”, un libro de poemas y cuentos publicado en 1888. Ese mismo año, el literato español Juan Valera realizó una reseña de este, a través de la cual se dio a conocer el nuevo estilo.
Y, ¿de qué trataba esta nueva moda literaria? Pues lo inmediatamente anterior era el Realismo y, llevado a su máxima expresión, el Naturalismo, o lo que es lo mismo, una representación de la realidad que rozaba el mal gusto en algunas ocasiones, debido a su atracción por lo escatológico. El relevo generacional trae a unos jóvenes que, cansados de esto, realizarán principalmente poesía, basada en una premisa muy sencilla: la belleza.
Pero esta belleza no se verá solamente en los temas escogidos (mitología, recreación en mundos lejanos en tiempo y espacio...) sino también a través de la forma en que utilizarán la palabra, la búsqueda del ritmo interno en los versos por encima de la rima que se llevaba haciendo toda la vida. Y la búsqueda de sonoridad conseguida con este ritmo, con aliteraciones; la exploración en mezclar distintos campos sensitivos usando la sinestesia, la adjetivación a niveles bastante altos...
La literatura dejó de ser algo accesible a todo el mundo. Se retomaron cosas del Romanticismo como el gusto por las palabras largas, extranjeras, etc. Esto demuestra el claro elitismo que caracterizaba a sus miembros, unos hombres que se inspiraban en lugares exóticos a los que, en algunas ocasiones, ya habían acudido.
Y, a pesar de todo, una poesía que, como pasa con la de Bécquer, es totalmente accesible a día de hoy, aunque quizá no lo fuera tanto entre sus contemporáneos.


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