Imagen extraída de http://3esoauseva.blogspot.com
Benito Pérez Galdós es uno de los máximos representantes del Realismo Literario, movimiento que, como viene siendo habitual, llegó más tarde a España que al resto de países (nace a finales del siglo XVIII en Francia, asentándose en nuestro país a mediados del XIX).
Hoy hablamos de su obra Marianela, contextualizándola en el general de esta corriente artística.
Suponiendo una ruptura con el inmediatamente anterior Romanticismo (como toda nueva inspiración cultural, que nace de unas ideas totalmente opuestas a lo que estaba de moda en su momento de creación).
Su antecesor es el Costumbrismo, la época ecléctica entre estos dos grandes escuelas narrativas. Y su sucesor será el llamado Naturalismo, que lleva a su mayor expresión los postulados literarios implantados en el Realismo.
El estilo de prosa en este se basa, principalmente, en las descripciones, que plagan las páginas, llevando a los ojos del lector un paisaje de lo más precisa, una escena con todo lujo de detalles. Derivará con el paso de algunos años, en la inspiración en temas mucho más escabrosos cada vez, el gusto por lo desagradable y lo morboso, aquello que algunos críticos denominaron “retórica de alcantarilla”: el Naturalismo.
Y es entre estos ámbitos en los que se mueve la producción de Galdós, generalmente encuadrado en el marco del primero. Entre sus obras destacan títulos como Fortunata y Jacinta, La Desheredada, Misericordia o los Episodios Nacionales, una serie de 46 novelas históricas sobre España entre 1805 y 1880, aproximadamente.
Retrato de Galdós.
Marianela es la que hoy nos ocupa, al ser una de aquellas lecturas obligatorias en el instituto (y yo una de las pocas que las llevaba a cabo). Wikipedia nos la sitúa dentro de las llamadas novelas de tesis, aquellas en las que predomina la idea sobre la acción, con un propósito didáctico, a través de temas de orden social con conflictos manejados por el autor con fondo de crítica.
La joven Nela es lo que, eufemísticamente hablando, diríamos como “poco agraciada”. Huérfana, se enamorará del joven burgués al que hace de lazarillo. Personaje marginal, tan típico de la literatura del momento, nos mostrará la hipocresía y los prejuicios que plagan la sociedad para con aquellos menos afortunados en la vida, que se incrementa con el final de la obra, dramático y crítico a más no poder.
Con un estilo directo y de rápida lectura, quizá realentizada por las a veces pesadas descripciones tan típicas del Realismo, Galdós logra dejar al lector su opinión con respecto a las personas que juzgan solo a través de las apariencias a los demás.
Aquello a lo que El Principito hace referencia con una sola frase: “Lo esencial es invisible a los ojos”.


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