Uno de los carteles de la película.
Más tarde de lo que quería pude ir al cine a ver El Cisne Negro, una película de la que había leído críticas de todo tipo y de la que no tenía del todo claro qué esperar.
Predecible, tópica y presuntuosa. Todo eso es lo que me pareció.
A modo de rápida sinopsis solo diremos que Nina, interpretada magistralmente por Natalie Portman, se encuentra en un momento decisivo en su carrera de bailarina cuando debe interpretar a la Reina Cisne en El lago de los cisnes. A partir de ese momento todo su mundo empezará a cambiar, casi tanto como ella misma, y lo que antes era blanco irá tiñéndose de gris y negros, con celos y miedos que afectarán tanto a su vida como a su profesión.
Sin desvelar más, aunque hay muchos puntos que precisarían un comentario más profundo, eso es lo que podemos ver en la película.
Personalmente ese es el punto en el que veo el fallo, el argumento, y por el que realmente me aburrí bastante. La historia no cuenta de primeras (ni segundas) nada que sea nuevo y tampoco lo hace de una forma especialmente entretenida o interesante. Quizá el problema es que la película está a media camino entre el comercialismo y el culto, haciendo que realmente no satisfaga a los que prefieren uno u otro tipo. En mi opinión si la trama central, lo que es la base para que todo lo demás funcione (y eso hay que decir que cumple con mucho más de lo esperado), no llega a atrapar y se ve plagada de clichés, escenas tópicas y otras metidas con calzador, por ejemplo la de la masturbación, solo para lograr captar la atención del espectador... bueno, solo diré que algo está fallando.
Por otro lado, y aquí está el punto más curioso de todo, es que a pesar de todo esto estamos ante un metraje que aporta un gran tratamiento de personajes con una profundidad psicológica en el que sus peores enemigos son ellos mismos. El buen uso de las escenas oníricas e imaginadas que se mezclan con el mundo real, aunque sin llegar a estar claro el sitio en que terminan unas y empiezan otras, hacen que veamos a una Natalie Portman que muy probablemente esté interpretando el que será el mejor papel de su carrera y, sin duda, por el que será largamente recordada.
Vicent Cassel en Ocean's Twelve.
Hay que destacar que realmente todos los actores cumplen en un muy alto nivel a pesar que muchos de ellos, como Vincent Cassel como el jefe de la compañía de ballet, aportando siempre el punto justo que ayuda a reforzar el trabajo de la ya citada Portman, auténtica piedra angular de todo el relato.
Igual de cuidado está el tratamiento que se da al baile, a su mundo, los ensayos y todo lo que lo rodea, siendo personalmente lo que más me llamó la atención ya que te permite estar totalmente dentro de algo que, en mucho casos, solo conocemos de pasada por las breves notas que salen en los diarios.
Debe destacarse también la buena escenografía con la casi continuada presencia de espejos, cisnes negros y blancos, juegos de color y de percepciones que elevan al máximo la dicotomía existente en el personaje principal, que posteriormente veremos reflejado en todo lo que la rodea y que para el espectador observador será toda una delicia fijarse, aunque para el que no lo haga no pasará nada ya que funcionará igualmente solo que sin ser él mismo consciente.
La masturbación de Natalie Portman ¿una escena necesaria?
Cisne Negro es una película que habla sobre la dualidad, sobre lo que escondemos y sobre lo falsos/verdaderos que podemos llegar a ser en nuestras reacciones y nuestras actitudes para con los demás. Es un continuo juego a dos bandas en el que no debemos buscar esa historia central, esa espina dorsal que nos transporte por que no es lo que obtendremos, pero si nos dejamos llevar por los detalles, por la representación en las propias escenas de lo que se representa entonces estaremos ante un buen ejercicio para los espectadores.
Y es que todo, incluyendo estas incoherentes líneas, tiene dos caras. La buena y la mala.




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