Cartel del espectáculo.
Imágenes del Ballet de Carmen Roche.
Imágenes del Ballet de Carmen Roche.
Cuando leí en la programación del teatro Zorrilla que Danzar la Danza se trataba de una mezcla de estilos y temáticas cercanas al espectador pensé en una variedad de esto mismo, no en la repetición de tipos dentro de la misma obra, que fue lo que resultó ser.
El Ballet de Carmen Roche visitó Valladolid el pasado 19 de febrero.
Más impresiones tras la función, a un clic.
Con una sala que después del primer apagón de luces se presentaba a partes iguales vacía y llena, dio comienzo la música, con el telón aún bajado. Utilizando fondos neutros y con una fuerte presencia de iluminación, el programa arrancó con la interpretación de El ruiseñor y la rosa, inspirado en el cuento de Oscar Wilde, acompañado de la música de J.S. Bach. Los bailarines ejecutaban sus movimientos con una precisión increíble, haciendo parecer sencillo aquello que lleva detrás horas y horas de preparación, amén de un ingente esfuerzo físico. La coreografía de esta pieza corría a cargo de Marta García.
Seguían las historias, en esta ocasión, dando con algo más contemporáneo: In the Grass, coreografiado por Amaya Galeote, con acordes de Yo-yo ma. Movimientos felinos y mucho contacto con el suelo, sumados a la fuerza de las miradas de los dos bailarines, hicieron de este fragmento algo totalmente contrastado con lo anterior.
Imagen perteneciente a la parte de las coplas.
Del Ballet de Carmen Roche.
Tchaikovsky fue el encargado de poner el cierre a la primera parte, tras media hora en total, encarnándose en escena el paso a dos del ballet clásico original de La Bella Durmiente. Enfundada en un tutú de lo más brillante (con tanto cristalito, que alguno terminó por el suelo durante el baile), la princesa Aurora danzaba con el príncipe, mostrando, a mí parecer, la parte más bella de la actuación hasta el momento.
Una pausa de algo más de quince minutos daba el descanso, más para el grupo de ballet que para los espectadores, y el compositor ruso seguía sonando, ahora, para meternos en la historia de la Cenicienta. Dos clásicos, en mi opinión, mal colocados en el programa, teniendo en cuenta lo que venía a continuación.
Una nueva contemporaneidad, Mimi y Fredo, ponía el punto de ruptura después de lo anterior, rompiendo por completo la atmósfera creada por la orquestación previa.
Y ponía el broche la voz de Rocío Jurado en forma de copla, momento en el que los seis bailarines interpretaban a la vez que se movían al son de esta. Un completo descoloque si tenemos en cuenta que toda pieza musical anterior había sido por completo instrumental. Acierto, por contra, si valoramos la puesta en escena de todos los cuerpos que formaron parte del resto de la obra conjunta.
En definitiva, y opiniones sobre el orden de las cosas aparte, la limpieza de las coreografías y la ambientación hacen que merezca la pena pasarse a ver Danzar la danza. Su propósito de acercar el baile a la gente resulta por terminar utópico debido a la mezcla de ambientaciones musicales que elige. Sin embargo, a pesar de todo, no deja de resultar entretenido y agradable de ver.


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