Escribo este texto al poco de revisar (una de mis labores de director) el escrito por Maje al respecto de la película Hard Candy. Pasará tiempo hasta que salgan publicados tanto uno como otro, pero igualmente lo dejo ya escrito.
Hard Candy es una película que no pasó desapercibida y que me gustó mucho cuando acudí a verla al cine hace ya años. Si bien es cierto que, como apunta mi segunda de a bordo, no estamos ante una película redonda y presenta bastantes aristas que podrían mejorarse, quizá todo esto sea debido en gran parte a un guionista más experimentado en el terreno televisivo que en el cinematográfico y un director que tampoco estaba habituado a este juego.
Quitando eso, si que hay que reconocer la interesante interpretación Ellen Page, como la niña protagonista de la cinta, además de un rostro bien conocido para los seguidores de la trilogía de películas inspiradas en los cómics protagonizados por La Patrulla-X o directamente y en su idioma original, The X-Men.
El otro punto que me resulta interesante en la película, y que ya desde el cartel explotan, es que realmente no deja de ser una revisión de Caperucita Roja. Una cría que va hasta casa del lobo, pero en este caso es el perverso animal el que saldrá mal parado y sin precisar la ayuda de un leñador, quizá así acercándose en cierto e inverso modo más al relato original en que era devorada y no encontraba salvación alguna en el terrible juego que se había iniciado.
El revisar el texto que firma Maje ha venido muy cercano en el tiempo a la lectura del último tomo de Fábulas, que en breve reseñaremos o que igual ya ha salido criticado en R42, lo que ha hecho que pensara en lo interesante que es revisar historias y jugar con los patrones clásicos que de pequeño aprendimos.
Ellen Page es realmente una Caperucita Roja, pero bien alejada de la pobre e indefensa niña, quizá simplemente para hacer esa trasposición de ideas o más directamente para poder mostrar la idea de una infancia que termina, ya que donde antes jugábamos con GI Joe y Barbies hoy se juega a médicos y no en un sentido tan figurado como podría esperarse. Es planteable, y de cita casi obligada, esas letras de la siempre acertada pluma del maestro Sabina “las niñas ya no quieren ser princesas” y es verdad, muchas veces parece que ese tiempo de jugar ha pasado.
Quizá sea debido a esto la cantidad de historias que de un tiempo a esta parte, algunas ya lo sufrieron, han visto su revisión paseándose por lugares más terribles y cercanos (las dobles lecturas siempre están presentes y muchas veces no hay que esforzarse demasiado en ellas) haciendo una conversión de personajes que, hay que decirlo, en parte iba tocando que se sufriera.
También a este respecto comento una idea que dijeron hace poco en una conferencia “los cuentos no son para niños” y tenía razón. Para niños son los cuentos infantiles, como su nombre indica, pero es solo otro género que se puede usar y que quizá debamos leer más. Hoy en día todo el mundo escribe y por desgracia no todos leen, como bien apuntaba uno de los ponentes en aquella charla, lo que no deja de ser una curiosa ironía pero que también se da muchas veces en el mundo audiovisual en el que todo el mundo hace cortometrajes (o lo intenta) pero es mucho menos número la cantidad de gente que se para a ver el trabajo de otros.
Volviendo al tema del cuento y sus posibilidades, uno de los ponentes escribió un micro relato en la pizarra
“Isósceles”
Interesa enriquecerse paulatinamente
Interesa enriquecerse paulatinamente
Aunque parezca una bobada, y prometo que yo no lo entendí hasta que lo explicó, os prometo que esas letras hay una historia de amor y lujuria, pero hay que saber verla o al menos tener la mente abierta para dejar que alguien te guíe hasta ella.
¿Quiero llegar hasta algún sitio? Pues no en especial, pero son más de las dos de la mañana y me apetecía escribir, lo he pensado un poco y finalmente esto es lo que ha salido (y eso que realmente solo pretendía hablar de Hard Candy y Caperucita Roja).
Terminaré diciendo algo que nos encanta hacer en R42, leed. Da igual lo que sea, simplemente leed.


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