La Revolución Francesa es un punto de inflexión en la Historia. El pueblo galo moría de hambre mientras que la corte monárquica se pegaba la gran vida con multitud de fiestas y costosos caprichos. Pero un grupo social, la burguesía, empezó a acumular dinero. Surgían ideas nuevas. Los burgueses ansiaban poder; y el pueblo, algo que llevarse a la boca. 1789. La Revolución Francesa. El fin del Absolutismo. Esta es la historia que Sofia Coppola, la directora, da por sabida entre el público.No lo cuenta. La nombra de pasada y solo se centra en el personaje que da nombre al título. Parece razonable si se desea realizar un biopic de la joven reina, porque, para ella, el hambre del pueblo le importaba menos que su colección de zapatos de Manolo Blahnik (reconocido diseñador que creó cientos de zapatos en exclusiva para la película). Resultaría impactante terminar la película con unas letras que describiera la crispación que se vivía fuera del palacio y la importancia del levantamiento. La música de los créditos sabrían a “puñetazo en el ojo” de la monarquía francesa. Sin embargo, posiblemente hubiera cambiado el tono de la película porque la directora habría politizado el film.
Destaca la fuerza audiovisual del film. Los colores y la luz bailan delante de una cámara inmóvil ante tal belleza sensorial. El vestuario actúa como un personaje más porque brilla, se mueve y quiere hacerse notar en todo momento. La ropa es un elemento más para entender la personalidad de María Antonieta.
Una música de otro tiempo acompaña a la dama más chic de Versalles; y, aunque sorprende, no desentona y encaja a la perfección en las diferentes situaciones de la narración como el baile de máscaras con la corte del siglo XVIII moviéndose al son de una melodía de local de marcha de los años 80.
Los diálogos acompañan y ceden el protagonismo a las imágenes. La directora se vale de su poder visual para narrar. Kirsten Dunst, que se pone en la piel de María Antonieta, realiza una gran interpretación y consigue captar la atención del público en todo el metraje. Y eso tiene mucho mérito porque el film aburre por momentos.
Perfecta la recreación del siglo XVIII y de la torre de marfil de la muchacha. El poder visual de la película se quedará grabado en la retina, lástima que no haya ninguna escena memorable. El trabajo de la directora resulta admirable porque durante todo el film nos mantiene viviendo en la burbuja de la joven reina, tratando de hacernos olvidar lo que ocurría fuera en esos momentos.
7/10
Aquí os dejo el tráiler en inglés.


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