Raúl Cimas y Julián López en la pasada ceremonia de los Goya.Fotografía de archivo de R42.
Decir que te vas a carcajear viendo a Muchachada Nui es un poco tontería, pero realmente es lo que hay que decir ya que así fue y no os vamos a mentir.
Raúl Cimas y Julián López lograron las risas del público Vallisoletano.
La predisposición de cada uno a la hora de ver un espectáculo suele tener mucho que ver con la opinión que nos merezca el mismo. Esto puede verse claramente en el cine y en la cantidad de gente que va con sus ideas a ver películas, así luego salen quejándose “me esperaba otra cosa” “es una decepción” y lo cierto que en un gran número de ocasiones es solo culpa de ellos y no de lo que han visto.
El ir a ver un show cómico, como el que protagonizaban estos dos caballeros, lleva de cabeza una ventaja, la ya citada predisposición que en este caso jugaba una gran baza a su favor ya que todo el mundo quería reírse, así que todos pusimos de nuestra parte para lograrlo. Aunque siendo sincero, no hacía falta.
La cita era a las diez de la noche, aunque todos sabemos que siempre es típico el retraso de unos veinte minutos, en el auditorio de la Feria de Muestras de Valladolid. Allí se congregaron un gran número de jóvenes (seguidores de Muchachada Nui en su mayoría, por los comentarios que se escuchaban a la entrada) para poder presenciar dos horas de humor absurdo y desenfrenado con la única intención de lograr la risa del público.
El espectáculo se dividió en cuatro partes. Primero una pequeña presentación (prólogo, apertura o la forma que prefiera cada uno) en la que Raúl Cimas y Julián López interactuaron el uno con el otro y dejaron bien claro el tipo de humor que íbamos a ver.
“Si pensáis que esto es humor inteligente y no lo vais a entender. Ya estaréis comprobando lo bajo que va a ser nuestro nivel” dijo Raúl Cimas a un público entregado que ofreció sus aplausos en numerosas ocasiones a los dos cómicos.
Tras esta breve introducción se quedó solo en el escenario Julián López y más tarde tocaría la actuación de su compañero.
El primero de ellos usó un humor más rápido y rítmico, casi cercano en algún momento al show de un payaso de circo y por supuesto a la auto parodia que tan característica es de este grupo. Aunque igualmente se podían ver referencias de otros humorista (recordemos el comentario de Patu respecto los Monty Python) e incluso una breve cita que nos acercaba hasta el fallecido Andy Kaufman.
Raúl Cimas por su parte interpretó a su personaje callado y serio, que hemos visto en otros monólogos como La terapia (uno de mis favoritos). Familia, sociedad, amigos y un sinfín de historias absurdas fueron las creadas por ellos.
Es curioso, al menos me llamó la atención, que si bien Julián López se llevó más aplausos que su compañero, fue este el que logró más carcajadas por parte del público. Pero siendo sincero no se puede decir quién de los dos fue mejor y entraría totalmente en juego los gustos personales (que en mi parte caen hacia Cimas).
Una velada agradable y muy divertida donde todos sabíamos muy bien que íbamos a ver. Los cómicos no decepcionaron y tampoco dieron un momento de descanso al público que no lograba recuperarse. Material nuevo mezclado con otro viejo, y otro tanto reciclado, provocaron la continua risa del público en lo que casi parecía una maratón (del humor).
Y por supuesto, no podía ser de otra forma, todo terminó con la sintonía del conocido programa.
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