Portada de la novela.
Lo primero que se me ha venido a la cabeza al término de la lectura de esta novela que firma el mismo autor de El príncipe de las mareas, Pat Conroy, es que necesito recapitular un poco, pararme a pensar y reflexionar acerca de todo lo que contienen las casi 600 páginas del tomo editado por Grijalbo.
Lo más presente a lo largo de toda la historia es el poder de la amistad, una fuerza capaz de solventar cualquier barrera, por infranqueable que esta sea, estando armada solamente con el escudo del amor. Una amistad con la capacidad de salvar cualquier distancia, ya sea de índole racial, clasista, o de lo que se te ocurra.
Véanse esas dos últimas como las que más primen a lo largo de los años, largos y duros, con mayores o menores penurias en cada una de sus vidas. Difícil sería contaros más a rasgos generales sin que se viera destrozada la esencia que plasma, página por página, el autor. En lugar de eso, quiero hablaros brevemente de cada uno de los personajes.
Leo King es sin duda el protagonista de la obra, a la vez que el narrador intradiegético. Es alrededor de su persona, y ligeramente de su familia, que gira la acción. No ha tenido una vida fácil, y es que a la corta edad de 9 años encontró el cuerpo de su hermano, desangrado, en la bañera. El suicidio del primogénito de la casa dejó tambaleando los cimientos de una relación ya bastante descompensada entre padres e hijo menor. Al término, literalmente, de la obra, comprobaremos con gran horror las razones que tuvo el joven Steve para arrebatarse la vida.
Charleston, ciudad en la que transcurren los hechos.
Imagen extraída de Wikipedia.
Imagen extraída de Wikipedia.
Los señores King tienen un pasado en común bastante poco común (permitidme pésimo juego de palabras). Sin embargo, tras superar los entresijos de un destino caprichoso, ambos, manteniéndose firmes en sus creencias católicas, logran encontrar la forma de volver a estar juntos, y fundan una familia que se rompe demasiado pronto. Ella será muy dura para con su hijo, Leo, mientras que el padre servirá de nexo de unión y conciliación entre ambas partes.
Niles y Starla son dos huérfanos a los que Leo conoce estando esposados, pues los mentores del orfanato no se fían ni un pelo, debido a su largo historial de huída de otros centros a lo largo de los años. El hecho de que él insista en que se les libere de esa situación de humillación marcará el principio de una amistad, que posteriormente dará pie a la ruina de la vida del pobre protagonista, pero hasta aquí puedo leer.
Sheba y Trevor Poe, gemelos, son los siguientes en aparecer en escena en la acción. Y los que hayan leído ya la obra, comprobarán que decir “entrar en escena” es lo más apropiado para esta pareja tan peculiar. Ella con sus aires de estrella, pero nunca rozando la subida de humos, y él, un homosexual abiertamente declarado en el Charleston de los años 50. Todo un pionero. Alrededor de ellos y su pasado truculento girará la trama de misterio y horror que cambiará para siempre las vidas de todos y cada uno.
Ike es el hijo del entrenador del equipo de fútbol del instituto, recién llegado. Un chico de color que mostrará sus reticencias ante la amistad de Leo, que se verá reforzada a base de un largo e intenso verano de entrenamiento físico para preparar la próxima temporada. Se casará con Betty, otra huérfana sin pasado, y ambos se convertirán en sendos y firmes miembros del cuerpo de policía de la villa.
Dentro del ámbito de la clase alta, encontramos a Fraser y a Chad, hermana y hermano, pertenecientes a una de las familias más antiguas y ricas de Charleston. Molly, mejor amiga de Fraser y novia de Chad, es todo estereotipo: rubia, guapa, delicada, entregada por el destino a manos de una vida que no eligió pero que no opta por cambiar, resignada a los caprichos del halo.
Fraser, por contra, es toda una atleta, en cuerpo y fuerza de personalidad. Tomará las riendas de su destino y elegirá compartir su vida con Niles, el huérfano, todo lo contrario que su familia esperaba de ella, una chica de una buena cuna, que, para ellos, ha arruinado su vida.
Y Chad, todo orgullo, un engreído de mucho cuidado, pero que sorprende con algunas salidas para bien. Una caja de sorpresas ligeramente explosiva. Ése tipo que como personaje no te disgusta del todo, pero al que no querrías tener como amigo en la vida real ni por asomo.
Fuera de los personajes protagonistas, mención especial para el cura, Max, que sorprenderá al final de la novela, con un descubrimiento de esos que te dejan a cuadros.
Toda palabra es poca para intentar resumiros de forma inteligible todo lo que acontece entre las extensas y ligeras páginas de la obra que hoy tratamos, sobre la cual os aconsejo abiertamente su lectura, aunque a primera vista pueda impresionar un poco su extensión, algo incómodo para llevar el libro de un lado a otro. Se lee solo, y la narración no resulta nada pesada, con tanto salto en el tiempo.



No hay comentarios:
Publicar un comentario