Un libro indispensable.
Si decimos Bruguera es probable que muchas cosas vengan a nuestra cabeza. Sacarino o Carpanta, pero también Spider-Man y vaqueros, y es que 100 años (se dice pronto) dan para mucho y si juntamos en el proceso conocidos nombre como Escobar o Ibañez (dos que sin duda el lector conocerá) pues las historias, personajes y aventuras se multiplican exponencialmente.
Hoy en día hablar de tebeos en nuestro país nos lleva, de forma popular, hasta Mortadelo y poco más, con suerte alguien nombra al genial Súper López o a los terribles gemelos Zipi y Zape; también otra gran parte de la gente a la que preguntemos dirá que los que lo leen son unos raritos que se disfrazan y que es algo apenas sin relevancia... pero los que somos lectores ya lo sabemos y estamos bien acostumbrados a todo esto.
Pero hubo una época en que no era así. Hubo décadas en que los autores publicaban sus historias y las personas, mayores y niños, se las leían y se divertían con ellas. Es cierto que la nostalgia puede decir que cualquier tiempo pasado fue mejor, pero las condiciones que estos dibujantes tenían, con unos contratos en los que sus creaciones eran propiedad de la editorial y con otros tantos problemas, con todo esto podremos ver que realmente hoy y ayer, al igual que mañana, existían problemas en el mundo del tebeo y todo lo que eso conlleva.
Santiago Segura es El gran Vázquez.
A modo de inciso voy a recomendar aquí la película El gran Vázquez, en la que podemos ver la forma de trabajar que tenía la editorial Bruguera además de cruzarnos con algunos autores como los ya citados Escobar o Ibañez.
Esto, y mucho más, es lo que encontraremos en el libro 100 años de Bruguera: de El gato negro a Ediciones B, un interesante y muy bien documentando escrito que firma el conocido Antoni Guiral (nadie mejor para abordar esta tarea) con quien recorreremos todo este tiempo que ha pasado desde la fundación de Bruguera en 1910, aunque bien se aclara en el libro que algunas fuentes indican que fue en 1908, llegando hasta hoy en día con la aparición de Maestros del cómic entre otros de los muchos títulos que llegan a las tiendas.
Quizá, sería un pensamiento lógico, el título y el amplio formato elegido pueda hacer suponer que la lectura va a ser pesada y algo tediosa, pero el que firme el libro quien lo firma es una ventaja en ese aspecto ya que la narración atractiva y cercana de Guiral (que desde el principio nos llama amigos) hace que parezca que más que un libro de consulta estemos disfrutando de una novela que no podemos dejar de leer.
Por supuesto en un libro de estas características hay que parar la vista en más cosas, y una buen escritura no lo hace todo, debemos hablar también de la calidad de las imágenes, del papel... y hay que decir que cumple sobradamente ya que nos encontramos con casi 200 páginas a todo color, con una gran calidad de impresión, además de una maquetación que aunque sea sencilla sirve perfectamente al fin de este libro, permitiendo su correcta lectura y en ningún momento estorbar a la misma.
Pero no hay nada perfecto y hay que decir que hay bastantes fallos en gramaticales encontrado fallos de número e incluso alguna fecha que colea, errores tontos que bien se podrían haber evitado con una correcta revisión de lo escrito y que hace que desluzca un poco la calidad general.
Pero no hay nada perfecto y hay que decir que hay bastantes fallos en gramaticales encontrado fallos de número e incluso alguna fecha que colea, errores tontos que bien se podrían haber evitado con una correcta revisión de lo escrito y que hace que desluzca un poco la calidad general.
Toni Guiral y Carlos Areces en Los diálogos del Sr. Boliche.
Este es un libro que debe formar parte de cualquier colección de libros teóricos sobre el cómic que se precie. El buen trabajo de Guiral, la correcta maquetación y la calidad de las imágenes, además de tratar una época de nuestra vida (de la de muchas generaciones) hace que su lectura sea un placer indispensable.



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