Segundo largometraje de Jasmila Zbanic, apuesta por ser más sutil a la hora de retratar el feminismo, religión o guerra. Palabras que dominaron su infancia y la vida de su nación. Ha ganado entre otros el Gran Premio Ecuménico y del Premio de la Paz, del Premio del Jurado en el Festival AFI /Instituto de Cine Americano) y del Gran Premio Odyssei del Consejo Europeo de los Derechos Humanos.
A un clic, Esther Miguel nos habla sobre En el camino (Na putu), que ya pudimos ver proyectada durante la Seminci, ofreciendo su punto de vista.
En el Camino (Na Putu), expresión bosnia ambigua y mal traducida por necesidad, ya que no hay equivalente en castellano es una forma bosnia de referirse a las mujeres embarazadas y, al mismo tiempo, la dirección espiritual vital de cada persona, camino único que cada cual debe recorrer para encontrar su destino. Este es el título que usa la guionista y realizadora Jasmila Zbanic para advertirnos del tema de esta película. Luna y Amar son una joven pareja que afrontan su vida con normalidad y sensatez hasta que una imprudencia de Amar con el alcohol hace que le despidan.
En este punto se produce el primer impacto en la salud de su relación, ya que al parecer, el pasado de Amar (adicción provocada por los estragos de la guerra en la que sirvió) repercute en su presente. Se ahoga en una espiral de desconcierto, y acaba abrazando una de las ramas más extremistas del Islam, el wahhabismo, o como ellos prefieren referirse, el salafismo. Luna, protagonista del film es una mujer de su tiempo, musulmana pero no practicante. Trabaja como azafata de vuelo y lleva escotes. Es un producto de la educación recibida y una persona comprometida socialmente con el estilo de vida occidental. No comprende cómo ha podido surgir la semilla del fundamentalismo religioso en el seno de su relación con Amar. Y sin embargo en los primeros minutos ya vemos cómo en su caso profesa un sustituto religioso latente para cantidad de personas.
Fotograma de la película.
Imagen extraída de http://peliculasdecine.net/
Fe en el amor, y la ilusión puesta en el futuro con la idea de concebir un hijo. Ahora las cosas se tuercen, y no se entiende dónde entra un niño en este nuevo paradigma.
Después de que Amar se vaya del lado de Luna veremos en imágenes cómo Luna visita un campamento wahhabista, que llega allí recelosa y escamada de las gentes que lo pueblan. Distribuye culpas de la nueva conducta de su chico a los allí presentes, y enmudece alterada mientras una mujer le explica que para ellos las buenas musulmanas son aquellas que dan su vida por sus maridos, por Alá y se quedan en casa cuidando a sus muchos hijos. Cruel escenario donde las niñas son forzadas a llevas sempiternos velos negros y escuchar música a escondidas, es el punto elemental en el que dejará de esforzarse para caer bien a esa gente. A pesar de ello no les demoniza, sólo les rechaza.
Veremos por otro lado cómo los amigos comunes de Luna y Amar se oponen a estas sectas, pero de un modo más limitado, para ellos los campamentos wahhabistas son todos unos centros de operaciones y de entrenamiento terroristas. Son, simplemente, maléficos. De esta forma quedan contrapuestos los dos extremos, y asociada como razonable la neutral postura de Luna.
Aún así en esta película el protagonista no es el Islam, sino la adaptación de cada personaje a su realidad en función de las cartas que le da el destino. Así como todos los personajes parecen planos a primera vista hay ligeros flirteos con sus experiencias traumáticas en el pasado. El sino de Amar quedó sellado al sobrevivir a una guerra que se llevó a su hermano y le dejó a él a merced del desconcierto, con su consecuente autodestrucción alcohólica/superación personal piadosa. Para Luna el fatal destino de sus padres al morir asesinatos delante de la puerta de su casa cuando ella era aún niña volcándola “en el camino” de la madurez intelectual y búsqueda de la felicidad a toda costa. Para ambos sus circunstancias son vitales para entender su modo de proceder, y ello explica y en parte justifica sus acciones. No hay malos ni buenos, sino responsabilidad en tus actos.
A medida que avanza el film se agarrotan los nervios, y crece la tensión por conocer el destino de la protagonista. Para no desvelar finales lo dejaremos ahí, pero decir que no es una película de grandes dramas ni tragedias. Que sencillamente habla de problemas comunes de la existencia humana. Una exploración de las distintas conductas ante los obstáculos que sólo nos es ajena por el idioma y el espacio en el que se presenta, pero usual para nosotros en todo lo demás.
6/10


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