
Frankenstein
Año: 1910
Director: J. Searle Dawley
Reparto: Augustus Phillips, Charles Ogle, Mary Fuller
Distribuidora: Thomas Alba Edison
En Críticas Cinéfilas hemos hablado de todo tipo de cine: cine comercial, cine clásico, cine bizarro, cine moderno... Hoy, sin embargo, nos remontamos alo más profundo de la historia, a los primeros años del cine. Frankenstein de 1910, es una de las películas más antiguas que se conservan.
Esta cinta de 1910 se creía perdida como muchas otras de la época. Sin embargo, un golpe de suerte hizo que se encontrara en los años 70 una copia. Así, la película corrió la misma (buena) suerte que Nosferatu.
La película es una adaptación de la novela de Mary Shelley Frankenstein o el moderno Prometeo. Sin embargo, esta primera versión contiene muchas diferencias respecto a las subsiguientes que aparecerían (a destacar el renombre y el estilo que le dio Boris Karlof). No sólo en la forma del monstruo, sino también en su creación.
Y es que el doctor Frankenstein parece más un mago alquimista que un científico, creando al monstruo en un caldero hirviendo. Como siempre, el objetivo del joven doctor es el de jugar a ser Dios y crear vida. Aunque su intención es la de crear al ser más hermoso y perfecto del mundo, el resultado final dista mucho de eso: el monstruo es un ser grotesco, torpe y violento, del que el doctor a duras penas puede escaparse, no sin sufrir un accidente y pasar un tiempo de recuperación.
Tiempo después, se acerca la boda de Frankenstein. Mucho ha pasado desde que creara al monstruo, y ha aprendido a tener una visión menos mórbida de la vida, y también que la creación de su monstruo fue posible gracias a su maldad interna. Pero un día, mientras se mira en el espejo, el monstruo regresa para quedarse con él. Sin embargo, ya no habrá sitio para él.
Impagable y fabulosa una de las escenas finales en las que el doctor se mira en el espejo y la figura del monstruo se refleja en él (una escena muy bien lograda para la época, y aún hoy día sorprendente), haciéndole ver que el monstruo forma parte de él.
Sin duda un documento histórico que merece todo el reconocimiento, y en el que se pueden apreciar cómo ha cambiado el cine en 100 años.
Impagable y fabulosa una de las escenas finales en las que el doctor se mira en el espejo y la figura del monstruo se refleja en él (una escena muy bien lograda para la época, y aún hoy día sorprendente), haciéndole ver que el monstruo forma parte de él.
Sin duda un documento histórico que merece todo el reconocimiento, y en el que se pueden apreciar cómo ha cambiado el cine en 100 años.

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