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8 de agosto de 2010
Editorial: Prohibidas las corridas de toros en Cataluña
La noticia del verano en nuestro país ha dejado de ser el fútbol internacional y ha pasado a un ámbito más territorial y, para qué mentir, más político. Hace una semana el parlamento catalán aprobó la abolición de las corridas de toros en Cataluña. Sin duda una noticia muy celebrada por los defensores de los animales y los contrarios de esta tradición, y muy criticada por los sectores más conservadores y los pro-taurinos del país.
Desde la instauración de la democracia en nuestro país, se ha velado por los derechos humanos que se privaron durante la dictadura que aconteció durante cuarenta años. Pero no sólo por los derechos de las personas, sino también se ha intentado que los animales también tuvieran sus derechos. Durante 30 años, las legislaciones para la protección de los animales han ido en aumento, pero siempre ha habido un punto concreto que ha quedado en el limbo por conveniencia, miedo, interés o quizás para ahorrarse la polémica que suscitaría. Sin embargo era inevitable que el tema terminara cayendo en una votación parlamentaria.
Finalmente sucedió, y por 69 votos a favor y 55 en contra se aprobó la prohibición de celebrar corridas de toros en Cataluña a partir del año 2012. Esta decisión ha acarreado sus debates y tanto la red como los medios tradicionales se han llenado de opiniones de todos los colores, aunque las que más movidas han sido las procedentes de los sectores más conservadores. Más concretamente, lo que debería haber pasado como un debate entre los defensores de los derechos de los animales y los amantes de la tradición taurina, ha derivado en un fervor político y nacionalista: muchos partidos políticos y particulares han señalado que esta decisión no es sino otra maniobra de los nacionalistas e independentistas catalanes para dar un paso más hacia la utópica independencia de Cataluña, tanto política y territorial como cultural. Aunque este ha sido el principal argumento de esos sectores, también se acusa de querer eliminar una de las tradiciones más antiguas de nuestro país y de “doble rasero”, al sancionar las corridas de toros y, sin embargo, no hacerlo con otras tradiciones donde el toro es también maltratado, como la del correbous, celebrada en las tierras del Ebro.
Así mismo, la forma tan precipitada en la que esta ley ha sido aprobada ha sido vista como una maniobra electoralista por parte de los partidos políticos en el gobierno catalán (PSC-ERC-ICV, el “tripartito”), en un intento por captar la intención de voto de cara a las próximas elecciones autonómicas, las cuales se celebrarán este otoño. Se aduce a ello al fracaso de otras propuestas nacionalistas como la ley del cine catalán o la famosa polémica por el Estatut y el Tribunal Constitucional.
Desmontando un poco la primera teoría acerca del separatismo catalán, algunos medios se han hecho eco de la existencia de otras prohibiciones del toreo en diferentes zonas de España que en su momento no armaron tanto revuelo. Se menciona la prohibición en Canarias desde 1991, así como en Almansa, un pueblo de Albacete donde hace 3 años se aprobó por unanimidad la prohibición. Otro ejemplo es el de Barcelona, donde si bien las corridas no se prohibieron expresamente, se declaró “ciudad antitaurina” en declaración institucional en 2004, aunque hasta hace poco se han seguido celebrando corridas en la ciudad.
Sea por los motivos que sea, una cosa está clara, y es que ni todos los catalanes están en contra de las corridas de toros ni todos los españoles están a favor de esta festividad.
Escrito por
Anónimo
Categoría:
Editorial
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