Natalia Mateo es una de las más habituales en el mundo del corto español.Por su dedicación al mismo, la organización de Cortos con Ñ ha decidido premiarla hoy con el galardón de Cortometrajista Ejemplar.
Pude entrevistarla en diciembre para un trabajo de clase, y aprovechando el tirón, os dejo el resultado a un clic.
Maje: ¿Hace cuánto empezaste la andadura en el mundo del cortometraje?
Natalia: Pues… unos 10 años. No sé, sí, 9-10 años.
Maje: ¿Cómo decidiste que querías ser actriz?
Natalia: Viendo una obra de teatro a los 17, creo que fue. No tenía muy claro qué quería ser y de pronto la obra me emocionó mucho ver actuando a gente muy mayor, muy vital. Fue para mí una referencia desde ese momento.
Maje: La mayoría de la gente te conoce por tu papel como Amparo en la serie “Amar en Tiempos Revueltos”. ¿Qué puedes contarnos de tu experiencia en ella?
Natalia: Pues fue lo más duro que he hecho como trabajo. La televisión me parece que curte mucho, y la palabra curtir no suena muy bien. Sobre todo curte, fue especialmente duro y poco gratificante.
Maje: Tienes, además, episodios en otras series, como Hospital Central o El síndrome de Ulises. ¿Volverías a trabajar en alguna otra serie o prefieres los cortos y el cine?
Natalia: Volvería a trabajar en cualquier otra serie. Teniendo más experiencia, como en este momento, siempre sería menos duro. Siempre sabría en qué lugar está cada cosa. Desde luego prefiero el cine y el cortometraje porque me parecen trabajos mucho más experimentales y que dan muchísimas más formas de creatividad. La televisión es un trabajo más. Con suerte pillas un trabajo interesante, pero vamos, es complicado.
Maje: Pudimos verte durante la Seminci en la presentación de La Vergüenza, primer largometraje que protagonizas junto con Alberto San Juan. ¿Cómo es trabajar con él?
Natalia: Alucinante. Es muy guapo, es encantador y un actor excelente, y sobre todo, tiene una experiencia… Y es un lujo trabajar con él, desde luego, pero yo creo que es muy guapo, sobre todo, es muy guapo.
Maje: ¿Qué sentiste cuando supiste que La Vergüenza había ganado el Biznaga de oro a la mejor película del Festival de Cine de Málaga?
Natalia: Uf, fue una sorpresa enorme, y sentí muchísimo orgullo, porque es una película hecha por la misma familia que venimos haciendo cortos. Hemos recorrido juntos un camino muy largo y que termine ese camino o se haga un paréntesis recogiendo una biznaga de oro te hace sentir muy orgullosa, que no te has equivocado.
Maje: Además de los premios a cortos y películas, también te los han concedido a título de actriz. Tu nombre poco a poco va conociéndose en el panorama nacional. ¿Cómo llevas esa incipiente fama?
Natalia: Bueno, en el mundo del corto soy muy conocida, en el mundo del cine soy conocida, en mi profesión soy muy conocida y lo que no tengo y, en principio, no quiero, es una enorme popularidad cara al público. No la llevo bien. Cuando me ha tocado comérmela, pues por mi temporada en Amar en Tiempos Revueltos o por x momentos puntuales que con toda la fama te llega, no es especialmente agradable. Para mí es un estorbo en mi vida diaria, tardas más en hacer la compra, tardas más en volver del autobús. Tardas más en hacer todo, no es especialmente divertido.
Maje: El público es bastante reacio a la hora de ver cine español. ¿Qué opinas de eso?
Natalia: Pues que la ignorancia la pagarán cara. No sé, que se pierden joyas. Opino que se hace muy buen cine en todas partes y que hay que ser un espectador ávido y curioso para encontrarlo. Desde luego si descatalogas de tu imaginario directamente las películas españolas, algo bueno te estás perdiendo seguro.
Maje: Si tuvieras la oportunidad de montar tu propia cuadrilla de actores para rodar una película, incluyendo al director para rodar una película, ¿a quienes elegirías?
Natalia: Puff… a un montón. No tengo ni idea de decirte nombres. Directores, pues Daniel Sánchez Arévalo, Fernando León, David Planell, Gracia Querejeta… O sea, es que hay mucha gente que me interesa. Y luego, de actores, por suerte, he tenido en varias ocasiones la posibilidad de montar mi propia cuadrilla de actores para trabajar, y siempre ha sido un lujo. Pero, ¿qué te voy a decir? Marta Aledo estaría la primera siempre, Luis Callejo, Raúl Arévalo, Antonio de la Torre, Luis Bermejo… bueno, actorazos.
Maje: ¿Hay alguna anécdota de alguna grabación que recuerdes especialmente?
Natalia: Lo de las anécdotas es difícil, ¿la dejamos para el final, a ver si me sale alguna?
Maje: “Ponys”, “Traumalogía” “El punto ciego”, “Test” y “Pichis” son solo algunos de los cortos en los que has participado. ¿Te quedas con alguno en concreto?
Natalia: Sí, con Carisma, que no lo has mencionado, porque para mí fue lo primero que hice en audiovisual, no había hecho nada y no amaba el cine, amaba el teatro. Y fue hacer Carisma y fue un giro, en mi carrera, en mi interpretación, en mis estudios… entonces, para mí, además de que cómo espectadora me encanta, de lo que he vivido con esa peli, desde los ensayos, al rodaje, a recoger los premios, a verlo en grande. Fue como conocer otra vía.
Maje: ¿Puedes contarnos algo acerca de “Qué divertido”, el cortometraje que estáis montando en estos momentos?
Natalia: Pues sí, me premiaron el guión en un festival que se llama Amanece que no es corto, que está englobado en un homenaje a José Luis Cuerda y a su película. Y ganamos dos chicas y yo el premio al mejor guión y hemos rodado ya nuestros cortos. El mío es un corto un poco nice, porque uno de los protas es un niño, y siempre me pasa que los cortos con niños me parecen muy sencillitos. En principio yo hablo de la distancia entre un padre y un hijo, la dificultad de los niños de ahora, que son niños muy sensibles, muy listos. Y los padres seguimos siendo un poco brutos, en este caso estoy hablando de un hijo intentando acercarse a un padre y sin conseguirlo y un padre intentando acercarse sin conseguirlo, cuando sería tan fácil como encontrar un lugar común.
Maje: En algunos de esos cortometrajes, tanto como en La Vergüenza has trabajado con David Planell, tu pareja. ¿Supone eso un obstáculo o es, por el contrario, una ayuda a la hora de trabajar?
Natalia: Bueno, mientras que ha sido mi pareja, todo ha sido maravilloso. En este momento ya no somos pareja, seguimos siendo muy buenos amigos y familia y seguiremos trabajando juntos. Pero yo creo que trabajar con tu familia, con tus íntimos, solo puede enriquecer, porque te conoces mucho, vas muy rápido, y sobre todo sabes siempre qué teclas tocar.
Para mí, gente que siempre está en mi carrera, como son David Planell, Marta Aledo o Daniel Sánchez Arévalo, es gente que se va a seguir repitiendo durante muchos años, y sobre todo porque todo son beneficios.
Trabajar con gente que quieres y que te quiere, básicamente ya partes de un cuidado, de acercarte a un resultado queriéndote mucho y cuidando mucho al otro. Y de alguna forma, en un set, todas las personas que forman parte del equipo, tanto el artístico, como el técnico, siempre hay mucha vulnerabilidad, hay muchas prisas, hay mucho en juego.
Todos somos una parte de la cadena, un eslabón y nuestra parte de responsabilidad es muy gorda. Entonces todos estamos con los nervios a flor de piel.
Realmente, conocerte mucho significa curarte mucho también, porque ahora estamos hablando de los nombres artísticos, pero vamos yo trabajo siempre con mi mismo ayudante de dirección, con mi mismo director de fotografía… (como directora). Y eso es precisamente por lo mismo. Cuando ya te conoces, todo es cuidarse y siempre, todo es trabajar para la peli, sabiendo que no va a haber interferencias.
Maje: Y hablando de temas familiares, ¿qué tal llevas compaginar tu trabajo de actriz con el de ser madre?Natalia: Pues bien, como todas las mujeres trabajadoras. Trabajamos todas mucho y no sé… A ver cómo te explico, yo muchos días tengo que resolver el conflicto de si me siento culpable o no me siento culpable por trabajar, pero no creo que por el hecho de ser actriz lo sienta más que cualquier otra mujer. Hoy por ejemplo es un día festivo y yo tengo la sensación de que a mi hijo le he metido un gol, porque le he tenido que dejar a las 10 de la mañana y cuando vuelva está dormido. Esa sensación no me la quita nadie, pero a la señora que se tiene que ir a limpiar un día festivo le pasa lo mismo, a la señora que tiene que ir a servir a una mesa le pasa lo mismo, y nos pasa a todas. Yo creo que compaginar la maternidad con la vida laboral es una cuenta pendiente que tenemos. Está en nuestra mano reparar todo lo teóricamente dañado, y creo que lo tenemos que hacer dándoles a nuestros hijos una lección de futuro, les tenemos que enseñar muchas cosas vinculadas a la igualdad, me parece imprescindible. Y bueno, de alguna forma me siento que formo parte de ese momento.
Maje: ¿Cuántos años tiene él, cómo lo lleva?
Natalia: Pues mira, tiene casi seis. En este momento el corto que estoy montando, lo protagoniza él, que es una manera de tener cerca de mi hijo. De tenerme que ir a rodar tres días fuera de casa y yo me lo engancho a la mochila y digo “pues nada, tú eres mi prota, primo” y tiramos muy bien. Lo lleva como puede. En ocasiones me echa mucho de menos y en ocasiones es súper divertido tener una mamá actriz o directora. Yo creo que como todos los niños, si tienen fiebre y necesitan besos y amor y su mamá se ha ido a trabajar, pues es una putada. Si resulta que tú te vas a trabajar, pero se queda dabuti en el parque de atracciones con los abuelos, pues mira que guay que mi madre se ha ido a trabajar. Yo creo que todo es gestionarlo en torno a ellos, y yo creo que mi hijo sí se siente lo más importante de mi vida. Y creo que eso es lo que estamos haciendo muchas madres. Que sí, que trabajamos, pero ellos se sienten los protas en realidad.
Maje: Bueno, una última pregunta y retomamos la de las anécdotas. Además del corto que estás montando en el que tu hijo es el protagonista, ¿tienes algún proyecto futuro que puedas contarnos?
Natalia: Estoy escribiendo un largo en este momento y estoy mirando un proyecto para ver si sí si no. Estoy ahí, muy relajada, sobre todo si ahora pudiera estar escribiendo, si realmente pudiera sentarme y escribir, eso sí es lo que ahora mismo más me apetece. Pero bueno, luego me ofrecen un rodaje y es que corro muy rápido porque me lo paso muy bien. Así que tengo que luchar con la fantasía de imaginarme sentada, trabajando de manera bucólica y tal, con la necesidad que tengo de meterme en un rodaje y de moverme como una lagartija, súper rápido. Es como una personalidad bipolar laboral. Es duro.
Maje: Este largometraje que dices, es el primero que escribes, ¿puedes contarnos un poco?
Natalia: Sí, como largo es el primero, he escrito ya tres cortometrajes. Este largo es una historia que tenía mucha necesidad de contar. Nace de un corto que se llama Pichis, que es el reencuentro de unos amigos, es un algo dentro de otro algo. Y es verdad que una vez rodado, una vez visto, siendo lo que queríamos hacer, tanto Marta Aledo como yo, me dan ganas de contar algo gordo, que es el porqué del reencuentro, hace cuánto que no se ven… Es una peli de un reencuentro que nace de un corto, de Pichis.
Maje: Vale, retomamos la pregunta de alguna anécdota…
Natalia: Vamos a ver, un cigarrito mientras a ver si… Por ejemplo, yo venía de teatro, lo que te contaba de Carisma, que fue mi primer rodaje. Mi manera de trabajar era bastante radical. Yo me metía en un personaje en teatro y no salía. Era una delicia, era estar todo el rato concentrada en lo mismo y tal. Entonces, cuando hicimos Carisma, yo, sencillamente, no sabía hacerlo de otra forma. Son distintos tipos, el cine y el teatro. Porque tú en teatro empiezas a trabajar con maquillaje y tal una horita antes de la función y terminas pues unos 10 minutos después de la función, pasan 3 horas y te cansas lo justo, pero es muy divertido. Y yo en cine, no lo había hecho nunca y no sabía dosificarme, con lo cual, me empezaron a maquillar, imagínate que a las 7 y media de la mañana y yo no salí del personaje hasta las 7 de la tarde, que terminamos y me fui a comer vestida de yonki, todo vestida de yonki.
Y la gente me miraba bastante raro. Y no habría podido hacerlo en ese momento de otra manera. Quedó cómo una anécdota porque el equipo no daba crédito, yo decía “tengo que hacer pipí”, y yo veía que me acompañaba mucha gente de producción a mear y luego ya me lo explicaron, que me acompañaban porque, claro, iba de yonki. Para mí era normal, yo voy de yonki hasta el final. Y nada, me tuvieron que cuidar mucho por el hecho de ir de yonki, pero no me enteré de nada. Ahora lo hago distinto. Empiezo, acabo, puedo parar…

1 comentario:
Mi vuelo a Madrid se canceló, pero igualmente he estado allí (en espíritu, que no en cuerpo).
Gracias por todo Natalia.
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