En las seis ciudades que he recorrido en esta escapada, (Kortrijk, Lovaina, Amberes, Gante, Brujas y Bruselas) siempre había un edificio con carteles llamativos anunciando obras teatrales. Siempre procuraba fijarme en todos los teatros. De algún modo los olía antes que el resto, y mientras otros dudaban de qué tipo de construcción se trataba, yo me anticipaba: "Sí, ése es el teatro de la ciudad".
El día que visitamos Gante, una ciudad que posee los canales y el encanto de Brujas, monumentos como los de Amberes y notoriedad como Bruselas, justo en la plaza de Sint-Baafsplein encontramos el Teatro Real Neerlandés.
En su fachada encontramos en un mural a Apolo y sus musas que contemplan la plaza. En la punta final del edificio, se encuentra la diosa Armonía. Al entrar en el edificio se puede ver un hall sencillo, que da pie a imaginarse un interior poco llamativo, aunque al no tener la oportunidad para verlo, no puedo juzgar cómo es este teatro por dentro.
En todas las ciudades que íbamos visitando, mi mirada buscaba los teatros por toda la ciudad. También en Kortrijk pudimos ver un bonito edificio con la arquitectura más típica de la zona que efectivamente se trataba de un teatro.
El último día de nuestra excursión, visitamos por fin la capital de Bélgica, y en la Plaza de la Monnaie encontramos el teatro que lleva el mismo nombre.
Sin duda, es la capital quien se lleva la palma. Le Théâtre Royal de la Monnaie es realmente bonito y vistoso, y reluce en el ambiente gris bruselense. Este edificio, como muchos de los importantes, sufrió un incendio en 1855 y tuvo problemas en cuanto a su administración.
Se creó en 1700 por los los venecianos Paolo y Pietro Bezzi, en un terreno donde se acuñaban monedas. De ahí surgió su nombre.
Después del incendio, fue el arquitecto Joseph Poelaert quien reformó el edificio, con formas y colores que prevalecen en la actualidad. Completamente renovada, la sala superior cuenta con una capacidad para 1152 localidades y cinco pisos.
Pero lo más representativo de este teatro de Bélgica es que fue testigo directo de la independencia del país. Mientras se representaba en el interior del recinto la ópera de Auber "La Muda de Portici", el público percibía las sensaciones conflictivas que suscitaba el tema tratado, el cual se veía directamente relacionado con los deseos de independencia.
El tema abordado en la ópera de Auber despertaba mucho interés puesto que estaba íntimamente relacionado con la sublevación napolitana ante la ocupación española acaecida a mediados del siglo XVII. La representación de esta ópera desempeñó un papel histórico en la lucha por la independencia de Bélgica, ya que, en el momento de la parte "Amor sagrado de la patria", la sala entera se levantó y salió a la calle a empujar a los holandeses fuera de la ciudad.
Tal fue la exaltación de la audiencia que su ánimo desencadenó el comienzo de un movimiento popular que llevaría a los belgas a independizarse de Holanda.
Otros datos representativos son que en 1963, la Casa de Moneda se convirtió en la Ópera Nacional. Y que en 1985, el arquitecto Charles Vandenhove permitió modernizar la sala creando un concepto arquitectónico nuevo para la entrada.

El teatro, completamente renovado, fue inaugurado de nuevo el 12 de noviembre de 1986 con una función especial en la que triunfó la 9º Sinfonía de Beethoven.
Me hubiera fascinado ver en directo una obra de teatro, en francés, en este precioso recinto. Espero que mi deseo se efectúe si vuelvo a Bélgica en otra ocasión.

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