La Caída del Imperio RomanoAño: 1964
Director:Anthony Mann
Reparto: Sophia Loren, Alec Guiness, Stephen Boyd
Distribuidora: Paramount Pictures
Llegó Semana Santa, y con ella las legendarias películas del Peplum a la que nos tienen acostumbrados. Como aficionado a la leyenda de la Roma clásica, me llena de emoción el revivirlas. Hoy hablaremos de una de ellas, muy relacionada con otra más reciente
En los tiempos que Hollywood rivalizaba con su nuevo enemigo la televisión, enviado de Satanás de quien se decía acabaría con el cine (ejem), el Peplum fue uno de los géneros que se convirtieron en grandes sagas, de lo que ya hablamos el año pasado en Cinéstatica. Esta película contó, como en anteriores y posteriores grandes sagas, con un reparto de lujo: Alec Guiness (Obi-Wan, para los amigos) como Marco Aurelio, Sophia Loren como Lucilla, la hija de Marco Aurelio, Christopher Plumber como Cómodo y Stephen Boyd como Livio. Para este último papel, se pensó en clásicos de las grandes sagas como Kirk Douglas (Espartaco, Los Vikingos) o Charlton Heston (El Planeta de los Simios, Ben-Hur, El Cid), pero ambos rechazaron.
La Caída del Imperio Romano nos sitúa en el siglo II d.C., en la fronteras germanas del imperio, donde un reputado general se encuentra al mando de las tropas. El emperador Marco Aurelio hace una visita de inspección a las tropas, en un estado de salud bastante lamentable. Durante la misma, anuncia al general Livio que desea que él sea su sucesor tras su muerte en lugar de su hijo Cómodo, en quien no confía. Livio acepta, pero cuando el emperador fallece (envenenado por conspiradores) anuncia como nuevo emperador a Cómodo.
Hasta aquí, el paralelismo con otra gran superproducción es innegable. Sí, nos referimos a Gladiator, la cual tiene lugar en las mismas fechas y con casi los mismos personajes. Ambas comparten partes históricas y partes en las que los guionistas se han permitido licencias personales, pero la esencia de semi-remake está ahí. Además siempre es divertido comparar y contrastar ambas películas, rodadas con casi 40 años de diferencia. Aunque lo más evidente es que en La Caída predominan la oscuridad y las escenas largas de diálogos (muy típicas de la época, especialmente famosos los diálogos en plena noche en voz baja que nos obligaban a subir el volumen del televisor al máximo, para repentinamente cambiar a una escena de música, gritos, caballos y armas), y en Gladiator los gigantescos escenarios recreados por ordenador.
Una pequeña curiosidad es que las escenas iniciales de las campañas al otro lado del Rin fueron rodadas en la Sierra de Guadarrama de Madrid. También una de las grandes batallas en un valle fue rodada cerca del Manzanares, y una recreación del Foro Romano fue construido en Las Matas.

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