Ya queda menos para Eurovisión, eso es bueno, porque al menos ya ha terminado la increíble sarta de estupideces que este año nos ha brindado la elección del representante español.¿Te suena Karmele Marchante?
Apenas queda un mes y medio para que llegue Eurovisión, el festival que va a congregar, este año en Oslo, a miles de personas agitando las banderas de sus países e idolatrando a su cantante o bailarín de turno, que hasta hace mes y medio era conocido en su casa a la hora de comer.
A mi personalmente este festival me importa un pito, francamente me parece una tontería, donde la música no tiene demasiada importancia y los candidatos que se presentan año tras año son más de lo mismo, tías despampanantes y algún paisano que canta y baila.
Pero si lo que quieres es oír algo de música de calidad, es mejor que apagues la televisión, ya que tal evento, y creo que huelga decirlo, es uno de los máximos exponentes de la subordinación de la música a la imagen, aunque supuestamente lo que vayamos a escuchar no sea música comercial y demás historietas.
Siendo sinceros, ¿quién no ha visto Eurovisión alguna vez? la verdad es que yo nunca me he sentado delante de la televisión expectante para ver a nuestro “elegido”, salvo la vez que “Rodolfo Chikilicuatre” acudió a Belgrado con su tema “El Chiki Chiki”, que no nos vamos a engañar, era una basura, pero esa no es la cosa, la gracia estaba en que Rodolfo era un actor, y todo formaba parte de una broma iniciada por Andreu Buenafuente que había acabado por salirse de madre, y que yo, igual que otros cientos de miles sentía curiosidad por ver hasta dónde llegaría la pantomima.
Pero bueno, yo no me voy a meter en si hay que ver el festival o no, que cada cual haga lo que crea oportuno, si te gusta lo ves, y si no pues no, y que cada palo aguante su vela, tampoco vamos a entrar en si “el de este año era un matao” o “es que los países de nosedonde se votan entre ellos” que son las dos frases mas escuchadas entre los asiduos a la gala. Por cierto, el encargado de sacarnos los colores este año en Oslo es un chaval de rizos, así con un aire como a Bisbal.
Pero lo que me ha llamado la atención de este año –aquí viene la razón de lo escrito– es el revuelo que se ha levantado durante los meses en los que aún se determinaba quién sería el representante español.
Tan spanish style, tan Belén Esteban, tan a nuestro gusto fue el circo montado por unos cuantos, que nos hace llegar a preguntarnos cual fue el momento exacto en el que todo se fue a tomar por culo y llegamos a darle bola a esa caterva de impresentables que por si fuera poco, y aunque parezcan idiotas, se lo llevan muerto gracias a la población media española.
Para abrir boca, hace poco tuvimos a un tipejo subido a un escenario que mientras se palpaba las partes pudendas con la mano, dirigía soeces invitaciones al respetable, por la mera razón de que habían abucheado su canción, que por cierto, era una joyita. Pero bueno, macarras ha habido toda la vida, y eso no es lo más sangrante.
Karmele Marchante, esa vividora que frecuenta los programas del corazón, haciéndose llamar periodista y sacando las miserias de la gente que por alguna razón (dinero) acaba en manos de esa manada también se presentó.
Aunque cueste creerlo, la cancioncilla en sí, creo que ya figura en la Wikipedia junto a la entrada “Vergüenza ajena”.
He visto el vídeo en un par de ocasiones, y realmente duele ver a una mujer de 65 años con la cara recauchutada de bótox diciendo “soy un tsunami, soy una chica in”, amén de muchas otras chorradas acompañadas de un baile esperpéntico y una música machacona.
Si esto es duro de por sí, peor es aún la respuesta que la gente le brindó como premio a su inspiración. Lo normal hubiera sido que tras el traspiés de esta señora, lo típico, hubiera salido en los programas de zapping y alguno tuviera la canción en el móvil, pero que nadie, al menos no muchos, dieran su voto para que esta “artista” fuera la representante de España en Eurovisión.
40.000 votos ni más ni menos sacó la “chica in” durante la primera jornada de votaciones, 15.000 más que el segundo clasificado. Alguien dirá que es lo mismo que cuando Rodolfo Chikilicuatre, pero no es así, porque éste formaba parte de una “broma”, era un actor, y la canción era una sandez, pero a propósito. Por ver cosas así de vez en cuando, repito, dan ganas de preguntarse en qué momento se fue todo esto al garete.
1 comentario:
Hace mucho que se convirtió en un carnaval y algo ridículo, como muy demostraron el grupo de Buenafuente.
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