James Cameron es mundialmente famoso por ser el hombre tras proyectos como Alien o Terminator. Más recientemente, fue quien se puso detrás de la cámara para la archigalardonada Titanic. Sin embargo, todos sabemos que Cameron lleva dentro el espíritu de la ciencia ficción.
Avatar nos traslada a un mundo futurista bastante apocalíptico, pero al que ya estamos acostumbrados a ver. Aunque no se aprecia en ningún momento de la película, se da por supuesto, por comentarios a los largo de la cinta, que su vegetación ha desaparecido casi completamente. La humanidad ha descubierto otros planetas lejos del Sistema Solar, y en uno de ellos ha encontrado una luna rica en un mineral muy codiciado conocido como inobtanium, que es donde se sitúa la acción: Pandora. La luna está habitada por unos nativos de cuerpo azul y aspecto humanoide conocidos como Na'vi, que viven en un estrato tecnológico similar al de tribus africanas. El clima de Pandora es letal para los humanos, por ello han trabajado en un proyecto llamado Avatar, con la intención de crear seres parecidos a los Na'vi a partir de sus genes y genes humanos para que puedan ser controlados por la conciencia humana.
Es bastante evidente durante el metraje la influencia que otra conocidisima saga de ciencia ficción ha tenido en Avatar: Star Wars. En muchas ocasiones se pueden apreciar escenas que nos hacen rememorar algún momento de la saga de George Lucas, ya sea las películas clásicas o las modernas precuelas. Especialmente en las escenas de las batallas, aunque bien es cierto que ello, junto con la idea del elegido, reafirman dicho paralelismo.
En conclusión, aunque es una película notable, y quizás el mejor estreno para finalizar el año, no se ha ajustado a las espectativas creadas. Tal vez el renombre del director le ha quedado demasiado grande al proyecto. Pero ojo, eso no significa que sea una mala película, es entretenida e interesante. Pero abusa de demasiados clichés ya vistos.
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