Fundada en Valladolid el 12 de junio de 2008, por Reibag y Doc Pastor. Realizada y mantenida por la asociación Ruta 42.

1 de diciembre de 2009

Miscelánea Literaria: Lena y Kostos.

De la saga de Un verano en vaqueros siempre ha habido un personaje que ha atraído especialmente mi atención, y ése es el de Lena Kaligaris. A lo largo de los cuatro libros es una de las cuatro protagonistas más logradas, cuya historia transcurre a lo largo de un truculento amor con Kostos.

Kostos Dunas parece el perfecto caballero. De tan educado y querer complacer a los demás, se pasa, anteponiendo unas cosas a otras. Pero no adelantemos acontecimientos.

Lena y Kostos se conocieron en una idílica isla griega. La abuela de ésta estaba como loca por ejercer de Celestina entre ellos dos. Sin embargo, Lena no estaba por la labor siquiera de ser amable con el pobre chico. Y a pesar de todo, pasa el tiempo y acaba pillándose por él. El verano va pasando y ninguno de los dos hace nada para que la relación avance.

Tras un tremendo malentendido ocurrido en la laguna de la isla (en el cual brillaron por su ausencia las prendas de ropa de uno de los dos, y no diré nada más), el asunto empeora. A final del verano ella decide lanzarse y comieron perdices, pero no vivieron felices.

Empezó para ellos la peor parte: la distancia. Una en EEUU y el otro en la idílica isla griega. De los tímidos magreos en una soleada playa pasaron a la lenta tortura que supone el correo.

No pudieron aguantar la distancia y cortaron. Bueno, Lena cortó, porque pensó que así sería mucho más fácil continuar cada uno con su vida. Llegamos aquí al comienzo del segundo libro.

Pero ella no podía olvidarle. Lo intentaba, y eso suponía olvidar también la sensación de sentirse amada. Vaya, vaya, Lena, no es tan fácil como te pensabas. Los días pasaban, convirtiéndose en semanas y meses y nada, que no había manera.

El ya no tan caballeroso Kostos siguió otro método para olvidar a Lena: el famoso “un clavo saca otro clavo”. Solo que esta vez un clavo entró y se reprodujo. Menudo tío el Kostos.

Eso sí, después resurgió el caballero (a buenas horas, mangas verdes) y se casó con la pava en cuestión. Y la pobre Lena, a miles de kilómetros sin enterarse de nada.

Resuelto el percal del embarazo y con un corazón roto por segunda vez, continuamos con el truculento culebrón.

Justo cuando Lena encuentra a alguien, va el tío y reaparece, por enésima vez, mareando la perdiz.

Ella se plantea muchas veces si solamente hay un amor para toda la vida, ya que lo que siente por el otro chico no es ni la cuarta parte de lo que sentía por Kostos. Tiene miedo de que haya pasado su oportunidad.

Al finalizar en cuarto libro el asunto queda colgando, dejando una ventana abierta a la posibilidad del amor.

En cualquier momento y en cualquier lugar. si tú estás pensando en mí,
puedes estar segura de que yo estoy pensando en ti
.

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