Todos tenemos uno dentro, quizá no nos demos cuenta pero es así ¿Un monstruo? No, no me refiero a eso, todos tenemos un niño dentro. Podemos crecer, cambiar, dejar los juguetes pero en algún momento saldrá y dirá “no te olvides de mí, estoy aquí y siempre te querré”.
Algunas películas nos hacen sentir como niños y Donde viven los monstruos es una de ellas.
Fue en los 60 cuando Maurice Sendak creó un sencillo y bonito cuento que se llamaba Where the wild things are, que en España lleva el título que ya hemos nombrado justo encima. No era una historia increíble, un niño travieso que llega hasta un maravilloso lugar donde vive un poblado de monstruos de los que se hará amigo (y rey). No sé, pero tenía algo, logró conectar con los niños y sigue haciéndolo décadas más tarde. Por algo será ¿no os parece?
Hace un par de semanas volví a leerlo y me encantó, ojala yo tuviera ese pijama tan genial y pudiera ir a esa isla llena de criaturas fantásticas que, a fin de cuentas, solo son otros niños con quienes jugar.
No sé lo que pensaría Spike Jonze al hacer la película, pero no creo que fuera algo muy alejado de todo esto. Los cuentos que nos gustan de niños son siempre los que guardamos con más cariño.
La película empieza antes de empezar (perdón por la repetición), ya que durante los títulos ya vemos dibujos de Max, el niño protagonista de la historia. Al igual que en el cuento le veremos haciendo el gamberro por la casa, persiguiendo a su pobre perro que intenta escapar de él.Max tiene una hermana y una madre que le quiere, pero no un padre como veremos en una escena rápida y tierna que demuestra que en un solo momento pueden contarse muchas cosas. Una noche algo pasa y todo se tuerce, Max discute con su madre (Catherine Keener es siempre de agradecer), se pelea con ella (de hecho la muerde) y se escapa, se va de casa y llegará hasta la isla donde viven los monstruos.
No voy a contar más del argumento, aunque si diré que el reflejo entre lo que sucede en la isla y en la propia vida de Max, se presenta como un claro reflejo pero también con la clara lectura de que todos debemos respetar y querer a los demás, no por lo que pensamos que son si no por lo que realmente somos cada uno de nosotros.
Parece increíble que un niño, el joven actor Max Records, haga tan buen papel y más todavía teniendo en cuenta que (como dijo su director) en muchas ocasiones no había apenas nada real para que pudiera interactuar con ello. Este crío hace algo que no es siempre sencillo, hace que te lo creas. La labor del guión, con la dirección y la buena actuación hacen que realmente lo que ves es un niño, que se comporta con un niño, grita y llora, no entiende a los adultos… como cualquiera de nosotros cuando teníamos esa edad. No es la visión de un niño que tenemos los adultos (como suele pasar) realmente es un niño y como tal le vemos.
Es una pena no haberla visto en versión original, con todo el respeto hacia la buena labor de nuestros actores de doblaje, pero creo que no debe estar nada mal poder escuchar las voces originales de los monstruos que tienen nombres como James Gandolfini (Los soprano) o Chris Cooper (American Beauty).
A la salida del cine me encontré con un amigo que ya la había visto, en su opinión la película era “una castaña, que ni Espinete es tan ñoño”. Es ñoña y es verdad, sensiblera, dulce y tierna. Eso no es malo, igual que no es malo que Star Wars no pase de ser peleas y poco más o que Entre Copas sea intimista, cada película es como es y tiene sus puntos buenos y malos. Siempre conviene saber lo que vas a ver, suele ayudar a no hacerte tus propias ideas en la cabeza y luego llevarte chascos (como le pasó a mucha gente con X-Men Orígenes: Lobezno).
Spike Jonze firma un bonito cuento (con una banda sonora que en todo momento acompaña y enriquece) del que se puede leer más que la simple historia fantástica que contiene, es una historia de amor y cambio, de aprendizaje y de empezar a apreciar lo que tenemos en nuestro día a día ya que puede ser increíblemente mágico.
Quiero volver a verla.
Papá, hoy cumplirías 67 años. Esta película te habría encantado. Esta entrada va dedicada a ti.


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