Marruecos estuvo presente en la 54 Edición de la Seminci con Casanegra. Una película de cine negro, urbana y de acción; en el que el estilo europeo se mezcla con las raíces y los problemas sociales del gran país africano.En la actual Casablanca (una ciudad atractiva y caótica), dos veinteañeros que son amigos de la infancia, Adil y Karim, intentan buscarse la vida aplicando los saberes que han ido aprendiendo en la calle. Karim, que recurre a niños pequeños para vender cigarrillos por las esquinas, ha decidido enmendar su vida y sueña con ser respetado por la sociedad. Por su parte, Adil ha encontrado la panacea a todos sus problemas: comprar un visado que le permita conseguir un contrato de trabajo en Malmo, una ciudad sueca que tiene idealizada. Sin embargo sus decisiones y los sueños que confían en llevar a cabo chocarán con la cruda realidad al tiempo que una mujer aparece en sus vidas.
Casanegra es una película de corte más bien europeo pero con la ingenuidad impuesta por la parte donde se rueda: Marruecos. Un thriller contemporáneo o un cine negro antiguo es la base del film. Una cámara, en ocasiones, nerviosa y una ciudad llena de vida y acción son los ingredientes de una obra que decepciona al final.

El director, Nour-Eddine Lakhmari (en fotos con el director de la Seminci: Javier Angulo /fotos:Doc Pastor.), cuenta que quería hacer una película sin complejos, fuera de los clichés de los camellos, los vendedores de alfombra, la arena y de tantos otros estereotipos que acompañan al país del norte de África. Lakhmari quería mostrar el lado urbano de Casablanca con personajes reales y con problemas que atañasen a sus compatriotas.
La película resulta arriesgada en cuanto a tema social pero se encuentra dulcificada por el amor y los sueños inalcanzables de los protagonistas. En ningún momento busca generar polémica porque trata la realidad tal como es, sin embargo, no realiza ninguna crítica a nadie. Una historia que muestra la realidad de Marruecos como si fuera la de cualquier otro país: hay prostitutas, mafiosos, maltratadores, vagabundos, disminuidos psíquicos, mujeres trabajadoras, jefes explotadores, niños maleantes, etc. En ningún caso se ve esa enorme crítica social de Slumdog Millonaire respecto a los niños o la de Ciudad de Dios en cuanto a las mafias y todo lo que había a su paso. Casanegra, más que crítica social se trata de asumir lo que se tiene en casa.
En un film como este no debía faltar los guiños a esa gran obra del cine llamada Casablanca, representado en el personaje del mafioso del bar y en el deseo de escapar de la ciudad. Sin embargo, el final es decepcionante. Todo se estropea en la escena con el caballo. Demasiado absurdo, demasiado difícil de creer, demasiado surrealista. A parte de que se veía venir de lejos lo que iba a pasar. Esa escena decepciona bastante.

Casanegra es un viaje a Casablanca en clase turista callejero. Visitar sus zonas conflictivas de la mano de dos chicos, que bordan sus papeles en su primera interpretación, es toda una delicia. No es una historia propiamente dicha, es un viaje para conocer la ciudad y la gente que la habita. Empaparse de Casablanca durante dos horas es un regalo.
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