
Empecé esta columna por personajes como éste. Antes de que la fanfarria navideña lo inunde todo, dedicamos un recuerdo a la ficción futurista más pseudorrealista y brutal de la mano del periodista más impresentable de La Ciudad, Spider Jerusalem.
La primera vez que me hablaron de “Transmetropolitan” me dijeron que era un cómic sobre un periodista de un futuro no muy lejano que escribía de política y de la sociedad. Que estaba muy bien. A mí me sonó muy extraño. ¿Un formato tan visual para retratar algo tan literario?
Luego, cuando me lo leí, todo tuvo más sentido. La imagen es del todo necesaria para retratar la sociedad en la que está ambientada la historia: una suerte de caricatura cyberpunk de nuestra actual cultura postmoderna, violenta, hiperconsumista, tecnificada, descerebrada y vacía de principios.
Días de Pasado Futuro
Spider Jerusalem es una leyenda. Es un periodista agresivo y mordaz que se granjeó toda una legión de seguidores con la publicación de un libro de investigación que desacreditaba de la forma más sangrante a uno de los candidato a presidente de los Estados Unidos, al que apodó La Bestia. Su obra se convirtió en best seller. La Bestia ganó las elecciones. Después de eso, Spider terminó de perder la poca fe en el mundo que le quedaba y se recluyó en las montañas para darse a las drogas y olvidarse del mundanal ruido.
Allí estaba cuando, años después, va a buscarle su editor, exigiéndole los dos libros que tenía pendientes de publicación y pagados por adelantado. Así pues, Spider se ve obligado a regresar a La Ciudad, megaurbe mastodóntica y casi grotesca, para volver a observar lo más bajo y lamentable de la sociedad y combatir la injusticia y el absurdo de la única manera que sabe: escribiendo. Su objetivo es conseguir suficiente material como para elaborar los dos libros y poder volver a retirarse. En su cometido le ayudarán su dos ayudantes, Yelena y Channon, una niña bien con afán combativo y una ex-streaper reconvertida en guardaespaldas. Los tres se odian tanto como se adoran, se protegen, se enseñan fundamentales lecciones vitales y se tratan a hostias los unos a los otros.
Pero si Spider pensaba que La Bestia era malo, era porque aún no conocía a El Sonrisas, el candidato que se opone a la reelección del primero. Manipulador, mentiroso y rastrero, representa la corrupción política al más alto nivel. Spider y él no tardarán en convertirse en una pesadilla el uno para el otro...
Kamikaze de las Letras
Hay un par de conceptos que hay que tener claros a la hora de analizar un personaje como es el de Spider.
En primer lugar, su contexto histórico. Transmetropolitan es una obra de los 90, una época en la que proliferaron los cómics hiperviolentos que mezclaban la realidad más brutal con la ficción más incongruente, como en el caso de “Predicador” o de otra célebre creación de Warren Ellis (autor de ésta que nos ocupa), “The Authority”.
Lo que se pretende es hacer un retrato distorsionado pero claramente crítico de una sociedad aún inexistente que, sin embargo, podría hacerse realidad, pues no supone sino la evolución y magnificación de una serie de males ya presentes en el mundo actual, como el racismo, la diferencia de clases, el borreguismo social que lleva a la erección de falsos ídolos y profetas de cartón-piedra, el empobrecimiento de las relaciones humanas, el consumismo exacerbado como modo de vida, el “lo quiero todo y lo quiero ya”, el exceso y la decadencia en todas sus facetas. Spider denuncia escándalos muy reales y actuales, solo que ligeramente deformados, para que parezcan ficción. Pero sólo lo parecen, y ese es otro aspecto de esa misma denuncia.
Para destapar tanta basura, Ellis utiliza la figura de un periodista gonzo. ¿Y eso qué es? Pues una forma de narrativa aplicada a la columna de opinión por la cual el autor se convierte en personaje protagonista de sus artículos, en los que retrata de manera subjetiva una realidad brutal desde un punto de vista desquiciado y desagradable, directo a la yugular y expresivo hasta la exageración. Alíñese con sexo, drogas, rock & roll y todo lo que suene a decadencia, y tendremos un retrato de lo más feo de la sociedad, visto desde dentro. Spider, de hecho, viene a ser un homenaje para nada encubierto a una figura real del periodismo estadounidense y creador del citado periodismo gonzo, Hunter S. Thomson. Este autor, cuya obra más famosa es el diario semificcionado “Miedo y Asco en Las Vegas”, era conocido por su estrambótica forma de escribir, vestir y vivir. Extremadamente político, poseía iconografía propia y creó todo un culto en torno a su personalidad y su obra, en la que se reflejaba el fracaso de la revolución hippy y del sueño americano.
A pesar de la profundidad de sus contenidos, Transmetropolitan es un cómic francamente entretenido, en buena parte debido al carisma de su protagonista. Es un tipo desagradable a más no poder que, tras una infancia y juventud difíciles, encubre bajo una gruesa capa de cinismo, sadismo y crueldad un alma sensible, un extraordinario idealismo y una generosidad exacerbada. Lo odias y lo adoras sin concesión. Y por supuesto, el tipo es un genio en su trabajo. Ponle una bata de médico y llámalo House. Está todo inventado bajo el sol, pero hay cosas que siguen y seguirán funcionando por los siglos de los siglos. Mientras haya cosas que no funcionen en el mundo...
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